La renovación de la educación desde las escuelas, la verdadera transformación

Cultura

Más allá de una descentralización administrativa, la reestructuración del poder permitiría que se ejerza desde escuelas, zonas y regiones, culminando en una instancia nacional –un congreso o un consejo ejecutivo– que establezca los lineamientos estratégicos para el sector, propone Hugo Aboites Aguilar.

En su artículo Hacia un nuevo horizonte para la transformación de la educación en México, el profesor-investigador de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) asegura que se trata de una tarea fundamental del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien se enfrenta a un panorama complejo, pero sumamente rico en posibilidades.

Publicado en el número 213 de la revista El Cotidiano, el texto explica que el movimiento magisterial ofrece la posibilidad de diseñar una propuesta que recoja, no sólo la vocación popular y progresista de la educación emanada de la Revolución de 1910, sino también las luchas y resistencias que se han dado históricamente en la búsqueda de una instrucción alternativa.

El docente expone una serie de propuestas encaminadas a una verdadera transformación educativa, como el hecho de que las escuelas, zonas y regiones puedan tomar decisiones en el marco de lineamientos estratégicos determinados desde abajo y sistematizados en un congreso o consejo; en la enseñanza superior, en cualquiera de sus modalidades, la experiencia de la autonomía universitaria podría ser el elemento más dinámico para renovarla.

Una transformación profunda del sector requiere instructores, en todos los niveles y modalidades, comprometidos con un trabajo educador enfocado a ofrecer a los estudiantes las condiciones para una formación de alto nivel, crítica y orientada al trabajo y a la participación involucrada en la vida pública.

Esto demanda una red de apoyos, materiales y evaluaciones en la que todos colaboren y que esté encauzada a la formación y el fortalecimiento de los colectivos, y de una contribución democrática en las decisiones, con un salario regional digno, capaz de satisfacer las necesidades de una familia y las de la permanente formación de los docentes.

También es necesaria una visión y organización distintas del quehacer educativo que reconozcan la existencia de una corriente de experiencias alternativas de formación en diversas regiones del país consideradas como un elemento básico para recrear el sistema, no en la forma tradicional del poder que sólo integra fragmentos de propuestas diversas en un cuerpo diseñado desde arriba, sino respetándolas en su integridad y territorio.

Estas propuestas alternativas deben corresponder a procesos regionales sólidos, adecuados a sus propias necesidades de conocimiento y condiciones culturales y sociales, incluyendo modos de producción y procesos políticos, y en este punto la aportación de los pueblos originarios es fundamental, considera el académico del Departamento de Educación y Comunicación.

La constitución de un patrimonio educativo e intocable de financiamiento suficiente para ampliar y fortalecer el sistema con el fin de que todos sean incluidos es otro factor determinante para alcanzar estos objetivos. Esta fuente puede provenir de un impuesto especial y permanente para ese solo fin y que sea considerado un patrimonio nacional: como el petróleo o la minería.

En el caso de la educación superior, un aumento descontrolado de la matrícula durante los años setenta del siglo XX derivó en una fuerte tendencia a remover de las instituciones autónomas la conducción de sus proyectos de crecimiento y provocó una dificultad de acceso a ese nivel educativo, en especial a las universidades, debido al recorte en los presupuestos.

Esto trajo como resultado un crecimiento desproporcionado de la matrícula en escuelas particulares, privatización que ha ido borrando la naturaleza de la universidad como un espacio público abierto de manera equitativa a todas las clases sociales y dedicada a educar, investigar y difundir la cultura de acuerdo con sus leyes orgánicas, que en general plantean responder a las problemáticas de la sociedad.

El doctor Aboites Aguilar asegura que después de un siglo de experiencias y de intentos fallidos por revitalizar la enseñanza forjada desde la década de 1920 es posible comenzar a dibujar un nuevo horizonte de cambios acorde con sus orígenes, historia de iniciativas y resistencias. “Cualquier transformación que no contemple esos movimientos y sus lecciones será una decepción y hará todavía más frágil el proyecto educativo”.