La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania sigue creando serias dificultades en la economía mundial, afirma la OCDE

Internacional

De acuerdo con las últimas Perspectivas económicas de la OCDE, se prevé que la economía mundial se ralentice durante el próximo año mientras la crisis energética de gran magnitud y proporciones históricas provocada por la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania sigue alimentando las presiones inflacionistas, erosionando la confianza, el poder adquisitivo de los hogares y agravando los riesgos en todo el mundo.

Las Perspectivas ponen de relieve las expectativas inusualmente frágiles y desiguales de la economía mundial durante los próximos dos años. Se prevé que la economía mundial crezca a un ritmo netamente inferior a la evolución prevista antes de la guerra: un discreto 3,1% este año, para después ralentizarse hasta el 2,2% en 2023 y recuperarse moderadamente hasta una tasa aún baja del 2,7% en 2024.

El crecimiento en 2023 dependerá enormemente de las grandes economías emergentes de Asia, que representarán casi tres cuartas parte del crecimiento del PIB mundial el próximo año, periodo en el que EE.UU. y Europa registrarán una acusada desaceleración.

La inflación persistente, los altos precios de la energía, el débil crecimiento de la renta real de los hogares, el deterioro de la confianza y el endurecimiento de las condiciones financieras son factores que van a mermar el crecimiento. Los elevados tipos de interés, aunque necesarios para moderar la inflación, agravarán las dificultades financieras para los hogares y las empresas endeudadas.

Se prevé que la inflación se mantenga este año en niveles elevados en los países de la OCDE, por encima del 9%. A medida que el endurecimiento de la política monetaria surta efecto, que las presiones sobre la demanda y los precios de la energía disminuyan y los costes de transporte y los plazos de entrega sigan normalizándose, la inflación se moderará gradualmente hasta el 6,6% en 2023 y el 5,1% en 2024.

“La economía mundial se enfrenta a serias dificultades. Estamos afrontando una grave crisis energética y los riesgos que se plantean siguen apuntando hacia una reducción del crecimiento mundial, una inflación elevada, el deterioro de la confianza y altos niveles de incertidumbre que dificultan enormemente la tarea de sacar a la economía de esta crisis y encaminarla a una senda de recuperación duradera”, señaló Mathias Cormann, secretario general de la OCDE, durante la presentación de las Perspectivas. “El fin de la guerra y una paz justa para Ucrania serían la forma más efectiva para mejorar rápidamente las perspectivas para la economía mundial. Hasta que eso ocurra, es importante que los gobiernos pongan en marcha políticas a corto y medio plazo para afrontar la crisis, amortiguar su impacto inmediato y, al mismo tiempo, sentar las bases de una recuperación más sólida y duradera”, añadió.

La OCDE subraya  la considerable incertidumbre en torno a las perspectivas económicas. El crecimiento podría ser más bajo de lo previsto si los precios de la energía registran nuevas subidas, o si las perturbaciones del suministro energético afectan a los mercados de gas y electricidad en Europa y Asia. La subida de los tipos de interés en todo el mundo podría someter a los hogares, las empresas y los gobiernos a mayores presiones al aumentar los costes de servicio de la deuda. Los países de bajos ingresos seguirán siendo especialmente vulnerables ante el encarecimiento de los alimentos y la energía, mientras que el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales podría aumentar el riesgo de nuevas crisis de deuda.

En esta coyuntura, las Perspectivas exponen una serie de políticas que los gobiernos deberían adoptar para afrontar la crisis. Se necesita un mayor endurecimiento de la política monetaria en la mayoría de las principales economías avanzadas y en muchas economías emergentes para anclar firmemente las expectativas de inflación y reducir la inflación de forma duradera.

Las ayudas públicas que están concediéndose para amortiguar el impacto de los altos costes energéticos deberían adquirir un carácter cada vez más temporal y preservar los incentivos para reducir el consumo energético. Las ayudas deberían diseñarse de tal modo que minimicen los costes para las arcas públicas y se concentren en ayudar a los hogares y empresas más vulnerables.

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Gestionar la crisis energética requerirá políticas de apoyo más decisivas para impulsar las inversiones en tecnologías limpias, fomentar la eficiencia energética, garantizar fuentes de suministro alternativas y armonizar las políticas con los objetivos de mitigación del cambio climático.

La crisis del coste de la vida también requiere reformas estructurales que pueden tener un efecto directo sobre la renta de los hogares, reducir las restricciones al suministro y abaratar los precios. Para ello, los países deberían centrarse en políticas que mejoren el funcionamiento del comercio internacional, eleven la productividad, aborden las brechas de género en el mercado laboral y mejoren la calidad de vida.

Para acceder al informe completo e información adicional, visite la página web de Perspectivas Económicas