Con frecuencia se invoca a China como un ejemplo de éxito de la globalización, sin embargo, no es posible aplicar en América Latina las mismas políticas que condujeron al país asiático a logros impresionantes, advirtió el doctor Robert Boyer, catedrático del Instituto de las Américas de Francia, en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Invitado por la Maestría y Doctorado en Estudios Sociales de la Unidad Iztapalapa destacó que la integración internacional de esa nación se llevó a cabo mediante el comercio y bajo “condiciones impuestas a la inversión directa”, sin que los líderes chinos se hayan propuesto la liberalización financiera, externa e interna.

En contraste, muchos Estados no industrializados han sufrido por su inclusión en los flujos financieros de corto plazo, lo que les ha llevado, en ocasiones, a comprometer sus modos de desarrollo.

En particular, en América Latina el proceso de globalización económica ha resultado desfavorable para el establecimiento de un nuevo modelo de crecimiento inclusivo y, por el contrario, enfrentan de manera acentuada tres formas de dependencia: monetaria, financiera y científico-tecnológica.

La primera se da en el sentido de la fragilidad de las monedas nacionales y ha resultado en la sucesión de grandes crisis, dijo el investigador reconocido como uno de los principales autores de la llamada escuela de la regulación.

La segunda ha tenido lugar porque la entrada de capital financiero de corto plazo ha sido incapaz de promover un régimen de acumulación estable y la modernización de en sistema productivo.

La científico-tecnológica ocurre porque los países han continuado la dependencia respecto de Estados Unidos y Asia y, de hecho, han reforzado los males de aquellos rentistas, cuya economía está sujeta a la venta de sus recursos naturales, lo que continúa caracterizando, en mayor o menor medida, a América Latina.

En la región las políticas económicas actuales parecen haberse movido hacia una renovada confianza en los mecanismos del mercado, como respuesta al fracaso de varias formas de intervencionismo y, por tanto, “el continente está en desacuerdo con la tendencia observada en el resto del mundo en favor de un fuerte retorno del Estado como guardián y regulador de la economía”.

Ese es justamente el mensaje que el gigante asiático envía al resto del mundo, dijo el investigador, sin embargo, “es dudoso que pueda aplicarse como tal en América Latina”.

No debe subestimarse la creciente brecha entre el auge industrial de China y Asia, y el retorno a una reprimarización de las economías latinoamericanas, cuya demanda de recursos naturales ha sido estimulada por el dinamismo asiático, por lo que no es posible aplicar las mismas políticas que en Pekín, porque las instituciones, los sistemas de valores y los regímenes son diferentes, sostuvo el doctor Boyer.

Algunos lineamientos económicos y sociales disponibles para Latinoamérica se centran en “poner atención a la apertura completa de la cuenta de capitales, la cual ha sido fuente de crisis recurrentes”, así como en promover la intermediación financiera nacional derivada del “retorno de la confianza a la viabilidad de un nuevo modelo de desarrollo”.

Además considera que el largo plazo es una cuestión de soberanía nacional en respuesta a las necesidades internas a través de la innovación, el retorno a la planificación y el establecimiento de un banco de desarrollo creíble, y finalmente, responder a las demandas de cobertura y seguridad social de los ciudadanos, financiadas por recursos financieros nacionales con cierto grado de estabilidad.

Para impulsar esta transformación es necesario desarrollar una teoría económica original que tome en cuenta las particularidades latinoamericanas, entre ellas la dependencia monetaria que da toda su importancia a la elección de un régimen cambiario; el reconocimiento de la especificidad de la renta basada en recursos naturales, distinto del beneficio considerado por las teorías convencionales, y la informalidad que es una fuente importante de desigualdades y obstáculos para el desarrollo.

La teoría ortodoxa del desarrollo no proporcionó la inteligibilidad requerida en las relaciones entre la globalización financiera y el desarrollo, y aunque se ha presentado como eminentemente favorable, en las observaciones muestra contradicciones que se manifiestan en crisis recurrentes y el bloqueo del desarrollo en muchos países.