La forma en que los científicos interpretan la realidad libra cada día una batalla contra la ignorancia y el pensamiento dogmático: Alejandro Frank

Cultura

“Existen dos conceptos diferentes sobre las revoluciones en la ciencia, el primero es el concepto plural que contempla numerosos episodios sucesivos, conformados cada uno en su estructura cíclica, que explican el desarrollo de las ciencias y que se denominan las revoluciones científicas”, aseguró el colegiado Ruy Pérez Tamayo al participar en la mesa La revolución científica, que formó parte del Segundo Encuentro Libertad por el Saber. Tiempos de Revoluciones, realizado en 2017, recomendación en línea del 17 de noviembre.

El también coordinador de la sesión comentó que el otro concepto postula un sólo episodio ocurrido entre los Siglos XVI y XVII, el cual produjo un cambio radical e irreversible en la estructura de la disciplina que se conoce como la revolución científica. Esta concepción es considerada la responsable de la transformación que dio origen a la ciencia moderna y que coincidió con la secularización del conocimiento.

“Hay dos posiciones más, que se necesita tomar en cuenta, por una parte algunos autores consideran que ha existido más de una revolución científica y postulan dos o tres o más episodios al mismo tiempo, por ejemplo, el físico e historiador estadounidense Thomas Kuhn incluye la revolución científica como la darwiniana o la newtoniana, cada una con su propia estructura interna, en cambio hay otros autores clásicos como el matemático George Sarton que niegan que cualquier tipo de revolución científica o la revolución misma haya desempeñado papel alguno en el desarrollo de la ciencia a lo largo de toda su historia. En realidad, el campo no es tan homogéneo como podría parecer a primera vista.”

El medico patólogo e inmunólogo explicó que el historiador inglés Herbert Butterfield fue quien en 1949 popularizó la identificación del cambio en la estructura y la orientación de la ciencia en general como la revolución científica. “Se ha mencionado que ni los griegos ni los romanos tenían una palabra equivalente a revolución en el sentido de un cambio político, brusco y con frecuencia violento, usaban el término como el retorno al origen después de un ciclo.”

“Aparentemente el primero en usarla para designar una transformación en la ciencia fue Bernard Le Bovier Fontenelle (1657-1757), el secretario perpetuo de la Real Academia de Ciencias de París, en 1727 al calificar a la invención del cálculo diferencial por Issac Newton como una revolución en las matemáticas. A partir de entonces el término empezó a utilizarse en círculos académicos y sociales, aunque con opiniones contrarias.”

Detalló que el concepto contemporáneo de la revolución científica no corresponde con exactitud al de las revoluciones introducidas a partir del Siglo XVIII, aunque comparte con ellas su carácter de modificación radical.  “El sentido actual supone que esta revolución científica ha ocurrido una sola vez a finales del Siglo XVI y primera mitad del Siglo XVII y que su resultado fue una transformación irreversible no sólo de la ciencia, sino de la visión total del mundo, y que fue gracias a esta transformación que la ciencia pasó de medieval a moderna.

Por su parte, el también miembro de El Colegio Nacional, Alejandro Frank, comentó que en su opinión la evolución científica es permanente, pero de pronto puede dar un salto y esas son las revoluciones, como las que iniciaron Galileo, Darwin o Einstein.

Explicó que las observaciones del astrónomo italiano Galileo Galilei sobre los cráteres de la Luna, las fases de este satélite natural, las manchas solares y los satélites de Júpiter, marcaron el inicio de una era en que el hombre lograba mirar por primera vez con detenimiento el Universo que lo rodeaba. “Galileo fue, tal vez, el primer científico moderno, es decir el primero en combinar la observación con el análisis matemático y uno de los primeros exponentes de la ciencia como la concebimos hoy, basada en la racionalidad y la lógica deductiva. Su legado revolucionario se reivindicó por los grandes avances de la ciencia moderna.”

El físico y catedrático mexicano también se refirió al libro El origen de las especies de Charles Darwin, que se publicó el 22 de noviembre de 1859, en Londres, al que llamó la obra científica de la era moderna que remite al homo sapiens a un modesto lugar junto a las demás especies de la Tierra. “Y aunque la teoría de Darwin ha sido comprobada de manera irrefutable, su profundo mensaje no ha sido comprendido por gran parte de la humanidad, porque es innegable que la racionalidad científica y humanística convive en pleno siglo XXI con todo tipo de supersticiones basadas en la ignorancia o en dogmas irracionales, esos son los demonios de nuestro mundo.”

En palabras del colegiado, estas descabelladas visiones como la que afirma que el virus de la Influenza H1N1 es una creación humana diseñada como arma biológica, son un disparate ya que los virus no requieren de pasaporte y nadie es inmune al contagio.  Además, se han convertido en un negocio frente a la falta de cultura científica. “La forma que tienen los científicos de la historia de interpretar la realidad libra cada día una dura batalla contra la ignorancia y el pensamiento dogmático e irracional. Como afirmaba Carl Sagan, la visión científica es una débil luz en la oscuridad reinante, es necesario intensificar nuestros esfuerzos para mantenerla encendida.”

Al respecto el biólogo José Sarukhán se refirió a que el XIX resultó ser el siglo de la revolución científica, porque fue como una especie de circo de muchas pistas en donde científicos presentaron sus actos y sentaron las bases para la revolución industrial basada en el vapor. Además, de las del método científico, que iba desde la observación, la obtención de datos, el análisis y la generación de hipótesis, que otorgaron una mecánica real al proceso de generación de conocimiento sólido.

“Es en este tiempo cuando emerge la ciencia ligada a la innovación por su relación con el comercio, es relativamente fácil ver que la ciencia y las tecnologías fueron el factor más importante para echar a andar el mundo moderno. En esa época también se crearon instituciones como la Academia de las Experiencias en Italia, la Academia Francesa de Ciencias y la Royal Society de Londres, que sirvieron de estímulo a la actividad de los investigadores.”

Agregó que a finales de este siglo se inició la costumbre de reunir los datos y de compartir el conocimiento y se comenzaron a realizar descubrimientos por el valor mismo del descubrimiento y no por su utilidad, lo que fue la base del desarrollo científico. Pero también comenzó la promoción de la pseudociencia para desprestigiar la ciencia de calidad. “Yo creo que detrás de esto está el miedo a tener una sociedad cada vez más conocedora, más educada y mucho más demandante de que las cosas deben ir por una forma más útil.”

Al tomar la palabra, el colegiado Antonio Lazcano habló de que la revolución científica le incomoda a los historiadores porque no ocurre en un año, un día o en una semana, sino a lo largo de 200 años y en realidad este es un fenómeno con cambios radicales. “No es una consecuencia del Renacimiento ni de la Reforma, sino que es parte de una triada histórica que tiene exactamente el mismo peso que la instrumentación de la iglesia cristiana.”

Comentó que el gran filósofo de la Edad Media que duró más de mil años fue Aristóteles, pero cuando comenzó lo que se conoce como revolución científica, Platón lo superó por su visión matematizada del Universo. “Es un periodo que marca un momento maravilloso de la interdisciplina, el Rey Jacobo I tuvo como canciller a al filósofo y político Francis Bacon, quien impulsó la idea de crear las Casas de Salomón, sitios en los que se podían reunir los investigadores con los artesanos para conocer cómo funcionaba la naturaleza y de esta manera extender el pensamiento científico, ahí está el nacimiento de las sociedades científicas y de las raíces de las organizaciones científicas como las concebimos hoy en día.”

Hizo énfasis en que el otro factor importante de la revolución científica fueron los gabinetes de historia natural, llamados los teatros de la maravilla, que se convirtieron en los precursores de las colecciones científicas actuales de los museos y de los laboratorios, debido a que fueron sitios donde se albergaron minerales, fósiles y materiales de investigación, además, parte de la historia científica mexicana olvidada.

Agregó que “el arranque del movimiento intelectual de la ilustración en el Siglo XIX, permitió la profesionalización de la ciencia, pero esto no hubiera sido posible sin un pensamiento laico.”

La conferencia La revolución científica, que formó parte del Segundo Encuentro Libertad por el Saber. Tiempos de Revoluciones, se encuentra disponible en la página de YouTube de El Colegio Nacional: elcolegionacionalmx.