El encuentro entre dos titanes de la cultura universal, el pintor Vasili Kandinsky y el compositor Arnold Schönberg, fue como el choque entre dos novas.
En el marco de la exposición Kandinsky. Pequeños mundos, abierta hasta el 27 de enero en el Museo del Palacio de Bellas Artes, el músico Sergio Ortiz hablará sobre su relación en la charla Kandinsky y Schönberg: pintura disonante.
La actividad realizada en colaboración con la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura tendrá lugar el 16 de enero a las 17:00 en la Sala Diego Rivera del Museo del Palacio de Bellas Artes. La entrada será libre.
Hace 108 años inició la amistad entre Kandinsky (1866-1944) y Schönberg (1874-1951), cuando el pintor asistió a un concierto del compositor. El impacto fue instantáneo.
A tal grado Kandinsky se sintió motivado e iluminado que le escribiría a Schönberg una carta: “En sus obras ha hecho usted realidad aquello que yo he estado buscando en la música con tanto anhelo. Pienso que la armonía en nuestros días no hay que buscarla por la vía de lo geométrico, sino por lo directamente antigeométrico, ilógico. Y este es el camino de las disonancias en el arte, tanto en la pintura como en la música”.

Junto a sus comentarios, el pintor y teórico ruso nacido en Moscú el 4 de diciembre de 1866 y muerto el 13 de diciembre de 1944, le mandó fotografías de sus cuadros.
Al igual que Kandinsky, el compositor se sentiría identificado y lleno de entusiasmo, por lo que por la misma vía contestaría: “La carpeta me ha encantado. (Coincidimos) En lo que usted llama lo ilógico y yo denomino la eliminación de la voluntad consciente en el arte. También comparto su idea sobre el elemento constructivo. Cualquier formulación que pretenda desencadenar consecuencias tradicionales, no está exenta de actos de voluntad. Y, sin embargo, el arte pertenece al inconsciente”.
La amistad entre ambos personajes los marcaría de forma significativa, ya que el pintor tenía interés en la música y el compositor, en la pintura.
Sobre este tema, Schönberg le confesaría al pintor ruso: “Tal vez no sepa usted que yo también pinto. Pero para mí tiene tanta importancia el color que temo que quede incomprendido al ver las reproducciones”.
El compositor, considerado a la misma altura de Igor Stravinski, le temía al número 13, pero en 1913 se dedicaría con mayor pasión a la pintura. En esta disciplina se le ha llegado a comparar con artistas como Gustav Klimt, Max Oppenheimer, entre otros.
De acuerdo con los críticos, Schönberg no pinta para producir cuadros bonitos, sino para “fijar sus sensaciones subjetivas”, como señaló Kandinsky.
“Mi pintura y mi música no tienen nada en común. Mi música es el resultado de una teoría puramente musical y solo debe ser valorada tomando en cuenta su naturaleza musical”, afirmó Schönberg.
Sergio Ortiz, violista y estudioso de la obra de Kandinsky, ahondará en esta amistad durante la charla que se desarrollará el 16 de enero a las 17:00 en la Sala Diego Rivera del Museo del Palacio de Bellas Artes. La entrada será libre.