La agricultura en México enfrenta un gran desafío, ya que si en el pasado era la principal actividad económica, ahora depende de la solvencia de las finanzas públicas, así como de la estabilidad económica y la eficiencia operativa del gobierno, sostiene el profesor Eduardo Pérez Haro en la revista El Cotidiano, de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En el artículo Prospectiva de la agricultura en México 2018-2024, publicado en el número 213, el académico del Departamento Investigación y Análisis Económico de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México establece que el sector está en una crisis profunda, tal vez una de las mayores en la historia del país, así que se esperaría lograr un ritmo en el crecimiento económico general y, sobre todo, que las propuestas de campaña para las elecciones de 2018 lleguen a la realidad.

“La actividad del rubro agropecuario está articulada al sistema económico, es decir, si bien genera bienes primarios de utilidad directa para el consumo, en las sociedades donde la industria y el comercio ya son preponderantes también encuentra una posibilidad”.

Aunque el trabajo en el campo ha sido la principal fuente de empleo, comercio y consumo personal, el ámbito agropecuario no es prescindible en el desarrollo capitalista, al menos no lo ha sido, ya que es el más importante por la producción masiva de productos alimenticios viables para la exportación.

Si se trazara una línea cronológica de la historia de la agricultura, un largo periodo de evolución productiva fue durante el desarrollo de las culturas de Mesoamérica, “abruptamente interrumpidas por la conquista y la colonización”; luego hubo momentos de recuperación durante la revolución agraria y otros de caída libre como en el periodo posrevolucionario.

“El México independiente del siglo XIX se colocó ante la posibilidad de diversificar las actividades económico- productivas entre las cuales estaba la agricultura, sin embargo, la fragmentación y las luchas internas de las expresiones de liberales y conservadores construyeron una inestabilidad política que distrajo las posibilidades de organizar los factores de producción, con vistas al mejor aprovechamiento productivo y comercial de la tierra, es decir, la economía se abría paso con tropiezos: agricultura, industria y comercio se sucedían con atonía”, destaca en el análisis.

Con la entrada del capitalismo a México, tierra, agua, caminos, bodegas, financiamiento y precios de garantía construyeron un sistema de producción protegido de altibajos económicos; fueron años de rentabilidad agrícola que quedaba asegurada por las barreras arancelarias en un comercio exterior y durante la segunda mitad del siglo XX volvió a decaer en un desinterés por la producción nacional.

En la actualidad el mundo globalizado se debate entre el libre comercio internacional y la protección del desarrollo interior: “China lo deja ver desde 2012, los ingleses lo apuntan desde 2016, Estados Unidos, con el presidente Donald Trump, lo plantea en 2017 y Andrés Manuel López Obrador lo perfiló como opción en 2018”, refiere el académico al insistir en que el reto es hallar el equilibrio entre la exportación y la producción local.