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Juan Soriano, El Mozart de la pintura, a 13 años de su fallecimiento

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El pintor y escultor mexicano Juan Soriano, considerado uno de los artistas plásticos más influyentes y más queridos del siglo XX en México, falleció el 10 de febrero de 2006, en la Ciudad de México, al día siguiente fue velado en el Palacio de Bellas Artes.

Llamado “el Mozart de la pintura” y “el niño eterno”, Juan Soriano contaba con 86 años de edad. Con su muerte México perdía al “último de los grandes pintores mexicanos”. Hoy, a 13 años de su partida, lo recuerda el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

Juan Soriano, cuyo nombre verdadero era Juan Francisco Rodríguez Montoya, nació en Guadalajara, Jalisco, el 18 de agosto de 1920. Desde su infancia mostró dotes de artistas, por lo que fue llamado El Mozart de la pintura. El pintor Jesús Reyes Ferreira lo introdujo al arte mexicano precolombino y colonial, así como al arte extranjero, y encontró en la corriente abstracta un cauce próximo a su temperamento.

En 1934 participó por primera vez, a los 14 años de edad, en una exposición colectiva en el Museo de Guadalajara, llamando la atención de artistas como María Izquierdo y José Chávez Morado, así como la fotógrafa Lola Álvarez Bravo, quienes lo alentaron para viajar a la Ciudad de México.

Al año siguiente, 1935, Soriano se mudó a la capital y pronto entró en diálogo artístico y personal con Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y otros miembros de la vanguardia.

Siendo ya un joven maestro de pintura, ingresó en 1937 en la Escuela Nocturna de Arte para Obreros y en la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR). Ahí se relacionó con miembros de la vida cultural mexicana, como Rafael Solana, Salvador Novo y Xavier Villaurrutia.

Por esa época comenzó su actividad como escenógrafo y diseñador de vestuario en el grupo de teatro Poesía en Voz Alta, al lado de Octavio Paz, Juan José Arreola y otros. Posteriormente impartió clases en la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda y comenzó su participación en exposiciones internacionales en Nueva York y Filadelfia.

En su trayectoria, Soriano evaluaba el trabajo de todos estos artistas y tomaba interés en las artes populares e indígenas, así como en los modos expresivos que venían del cubismo, el expresionismo alemán y el fauvismo, además de los artistas parisinos de la posguerra. En sus constantes viajes a Europa se acostumbró a la imaginación de los surrealistas.

Pero si bien todos estos elementos participaron en el desarrollo del trabajo de Juan Soriano durante dos décadas, no se le ubica en alguna corriente específica, más bien, de acuerdo con los expertos, el enfant terrible creó su propio lenguaje, muy particular, entre el realismo y el romanticismo, y con ello dejó una profunda huella dentro de la pintura y la escultura.

Desde 1946 su obra y trayectoria comenzó a ser reconocida y galardonada. Ese año recibió el Premio Constancia Especial de Mérito, otorgado por la presidencia de Manuel Ávila Camacho; tres veces obtuvo el Premio de Adquisición del Salón de la Plástica Mexicana y tres veces fue nombrado Artista Productor por el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Dos veces obtuvo la Medalla Orozco de la ciudad de Guadalajara; en 1987 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes y en 2005 el INBA le concedió la Medalla de Oro de Bellas Artes. También recibió distinciones en España, Francia, Polonia y otros países.

En 1959 celebró sus 25 años como artista con una magna exposición en el Museo de Arte Moderno y en 1966 presentó su primera gran exposición escultórica en el Palacio de Bellas Artes, quien además fue creador de grandes esculturas monumentales.

Octavio Paz se refirió a él así: “Pocos pintores mexicanos provocan en mi la diversidad de respuestas que la obra, a un tiempo cambiante y fiel a sí misma, de Juan Soriano. En dos ocasiones, en 1941 y en 1953, he tratado de fijar, en unas cuantas palabras apresuradas, su imagen.

“La pintura de Soriano (la de hoy como la de ayer) es tradicional en un sentido muy distinto al del mero regreso a las formas y procedimientos del pasado. Lo que se propone el pintor, sirviéndose de todos los medios a su alcance, es una exploración de los orígenes”.

El escritor Carlos Fuentes escribió alguna vez: “En el centro del arte de Juan Soriano hay un misterio que todos los que gozamos de su pintura somos corresponsables de ese enigma. Ni él solo ni nosotros solos podemos mantener la vida del misterio. Es el misterio de la aurora: Soriano precede a Courbet porque reitera la experiencia de otro pintor. Pero esta reiteración establece la comunidad del arte en su origen: Soriano conduce a Courbet al origen de Courbet, que es el origen de la pintura”.

El pintor Carlos Mérida decía: “El arte de Soriano, interesante en grado sumo en nuestro medio, por lo sui generis, llega ya a una maestría consumada no solo por lo que al oficio se relaciona, sino, y esto es lo importante, por el aliento creativo que lleva en sí y por la dosis de inefable lirismo de que está lleno. Soriano, por su talento, por su finura espiritual, por su don divino, es una voz de poesía en el campo de las artes plásticas de México”.