Itim, la inmersión esotérica y opresiva de Mike De Leon

Cultura

En 1976, el joven cineasta Mike De Leon se imponía como uno de los autores filipinos dignos de seguir gracias a Itim, un esotérico drama psicológico con una mirada al cine de género. El largometraje, proyectado en el marco de Cannes Classics, cuenta la historia de Jun y Teresa, dos jóvenes cuyos destinos están unidos por un mismo sentimiento de culpa. El director nos habla de la realización de esta apasionante ópera prima.

¿Qué le dio la idea de esta historia de aires esotéricos?

Monologo (Monologue), la primera película que hice, que era un cortometraje rodado en 16 mm. Era una historia de fantasmas en homenaje a Blow-Up (Deseo de una mañana de verano) (Blow-Up), la película de Michelangelo Antonioni (1966), en la que el personaje estaba haciendo fotos y no se percataba de que había captado una presencia en su propia casa. Me gustó especialmente la idea de alienación existencial que impregna a Blow-Up (Deseo de una mañana de verano) (Blow-Up). En 1975, se me ocurrió la idea de una historia sin diálogos ni efectos especiales, narrada en cierto modo a través de la cámara de fotos de su protagonista. En esa época, era muy propenso a limitar al máximo los diálogos. Varias bobinas enteras de la película carecen de diálogo alguno.

Itim analiza en segundo plano cuestiones sociales como las tradiciones católicas y las injusticias de clases. ¿Qué quería mostrar?

Aunque fui criado en la fe católica y tuve una estricta educación jesuita desde la infancia hasta la secundaria, siempre me suscitaron «miedo» las imágenes y los iconos religiosos católicos que proliferaban por todas partes, no solo en las iglesias, sino también en nuestra propia casa. El oscurantismo religioso, que se propagó en nuestra cultura durante los trescientos años de colonización por parte de España, es una de las principales razones por las que no hemos alcanzado la libertad intelectual y seguimos sometidos a la autoridad.

«En mi opinión, la oscuridad era uno de los personajes principales de la película».

¿Cómo encontró al reparto?

Al principio, quería grandes estrellas, ya que era una práctica muy común en la época. Sin embargo, muy pronto quedó claro que, de proceder así, el presupuesto alcanzaría una cifra más allá de lo que podríamos permitirnos. Así que nos aventuramos a contar con nuevos rostros, como Charo Santos y Susan Valdez. También contábamos con la participación de Mario Montenegro, que había sido una de las mayores estrellas de mi infancia. En cierto modo, de esta forma pude trabajar sin tener que preocuparme por los egos.

La atmósfera de la película es muy opresiva, ¿cómo la creó?

Es la combinación de las prácticas religiosas tradicionales de la Cuaresma en Filipinas y la oscuridad de esa casa antigua. En mi opinión, la oscuridad era uno de los personajes principales de la película. Junto con mi diseñador de producción, opté por una paleta de colores deliberadamente oscura. La película se rodó en la casa solariega de mi familia y solo se iluminó en la posproducción, ya que la iluminación era mínima durante el rodaje.

Además de Blow-Up (Deseo de una mañana de verano) (Blow-Up), ¿qué otras películas le han inspirado?

Amenaza en la sombra (Don’t Look Now), de Nicholas Roeg, que descubrí durante mi estancia en Alemania a mediados de los años 70. Y ¡Suspense! (The Innocents), de Jack Clayton, que vi en la universidad y me pareció realmente aterradora. Sigue siendo una de las mejores películas de fantasmas de la historia y todavía sigo sin poder verla solo. Podrán encontrar algunos elementos de estas películas en Itim.