Cada año en México se matan más de 1,800 millones de animales para consumo humano, los cuales pasan toda su vida confinados en granjas, siendo sometidos a prácticas atroces y crueles, y cuyo destino final es el matadero.

Sin embargo, los impactos de la práctica ganadera son muchos más que solo la muerte de animales que viven vidas miserables llenas de sufrimiento y dolor, el planeta y el resto de sus habitantes también corren riesgo por su existencia.

Así lo dio a conocer el día de hoy Igualdad Animal México -organización internacional de defensa animal-, en el marco del Día Mundial de la Tierra, al presentar su investigación “Enemigo del Planeta ll: daños y estragos que causa la ganadería industrial a los animales y al planeta”

La investigación se realizó entre 2019 y 2020, con la ayuda de la tecnología de drones Igualdad Animal sobrevoló diversas granjas ganaderas en Jalisco que es el principal estado ganadero de México, su producción anual lo coloca como el número 1 en producción de carne de cerdo, huevos y leche y en la posición número 2 en carne de bovino y pollo.

Detrás de estos primeros números, sus granjas esconden una realidad que está matando animales, enfermando a la población y contaminando al planeta y que Igualdad Animal ha venido revelando, mientras que las autoridades la han invisibilizado.

En julio del 2020 salió a la luz “Enemigo del Planeta”, la primera parte de este trabajo de investigación que dejó al descubierto el impacto ambiental de granjas porcícolas.

Ocho meses después de publicar este primer reporte de impacto ambiental, Igualdad Animal hace públicos nuevos reportes derivados de investigaciones en granjas de carne de bovino y pollo y huevo y leche, los cuales detallan graves irregularidades en la operación de estas empresas productoras.

Los  6 reportes realizados muestran que las granjas investigadas, entre las cuales están granjas de las reconocidas marcas Bachoco, Proan y Gena, incumplen con la normativa ambiental, no cuentan con permisos, licencias, concesiones ni registros.

Se detallaron altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero que emanaban de las granjas,  provenientes de los estanques llenos de excretas de los animales, así como descargas de aguas residuales que estaban contaminando el suelo y las aguas subterráneas de la zona.