“Estoy sorprendido de haber llegado a los 74 años, es una experiencia muy rara. Me hace recordar unas hermosas palabras que le dijo mi hija a mi abuelita cuando cumplió 90 años: ¡Abuelita, estás cumpliendo 90 años y empezaste desde el uno! Así yo, empecé desde el uno”, expresó el escritor Ignacio Solares, nacido en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 15 de enero de 1945.
Durante entrevista realizada en la sala de su casa, frente a una pared donde cuelgan cuadros y dibujos, algunos de ellos de José Luis Cuevas, el también periodista dijo: “Llego feliz porque acaba de salir Novelas históricas por el Fondo de Cultura Económica (FCE), un tomo que reúne todas mis novelas sobre el género, casi 40 años de trabajo, y que para mí es un reconocimiento. Parece que no, pero los cumpleaños cada vez pesan más, cada año es más difícil, pero estoy feliz”.
“Novelas históricas es un libro cuyas obras han tenido cierto reconocimiento y por las cuales he ganado algunos premios, por eso es como recopilar lo que se ha sembrado. Ahorita no tengo ningún proyecto de escritura más que hacer mis “minucias” que salen de El Universal, a veces escribir algún cuento, pero nada fijo”, indicó el también narrador y dramaturgo.
A diferencia de muchos escritores, quienes encuentran en la creación una lucha constante, para Ignacio Solares la escritura es un espacio de gozo: “He escrito más por placer. Cuando encuentro algo insólito me entusiasmo. La literatura ha sido mi juguete, mi juego, nunca lo podría considerar un oficio o un trabajo, porque eso tiene un carácter obligatorio”.

Sobre la elección de los momentos en los que comienza a crear mencionó: “Nunca he tenido horario, escribo de repente o paso largas épocas sin escribir, pero siempre ha sido muy placentero. La cosa es encontrarle el modo y eso cuesta trabajo. Las primeras páginas son muy difíciles, sobre todo el arranque, pero después es una delicia. Releerte y corregir es otra delicia”.
Uno de los libros que más le costó trabajo escribir, dijo, fue Madero y lo otro. “Me costó unir las cartas de Madero, porque fueron el eje de la misma creación. Fue difícil contar su historia y ensamblarlo con lo que estaba contando, porque fueron hechos reales”.
Si bien Solares ha dedicado su escritura a la historia, dice que ésta nunca le ha atraído en sí misma: “Me atrae a partir de un hecho, un suceso mágico. Me han invitado a escribir sobre Cuauhtémoc, Lázaro Cárdenas, pero no me inspiran, porque no hay un hecho que me atrape.
“Empecé escribiendo literatura fantástica y por accidente llegué a la histórica. Fue porque tuve acceso a los documentos espíritas de Madero, gracias al historiador Manuel Arellano, a quien se los había dado en resguardo Doña Sarita Pérez de Madero. Así nació en mí la motivación para hacer un libro. Pero yo no era historiador, escribía novela y cuento fantástico”, explicó Solares.
“El absurdo, lo insólito, las contradicciones humanas, lo que sale de lo común me interesa mucho y en ese sentido hay figuras que me atraen”, expresó el ganador del premio Julio Bracho 1992 por El jefe máximo.
Como escritor del género histórico, señala que la novela “nos permite llenar los huecos que la historia oficial deja fuera. Lo que hago es llenar esos huecos con lo insólito, con todo el interés que pueda tener por el personaje. Borges dice que la historia guarda la memoria de la humanidad. Creo que en los libros, sobre todo en los buenos libros, está reflejada la verdadera historia.
“Como escritor mi ruta fue, primero, el periodismo, después la literatura fantástica y finalmente me interesó la histórica”. Dentro del periodismo, Solares detalló que uno de los géneros que más disfruta es la entrevista, a la cual le dedicó un libro, teniendo como interlocutores a Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, entre otros.
Por último, Solares señaló que todavía tiene pendientes como lector: “En comparación de lo que se ha escrito, mis lagunas son infinitas y todavía tengo pendientes, pero hay un autor que me marcó y es Dostoievski. Los hermanos Karamazov, Un príncipe idiota y Crimen y castigo, son las tres novelas que, yo diría, son indispensables, no sólo para hacerte escritor, sino para entender al género humano”.