Principal Cultura Henri Cartier-Bresson, fotógrafo del “momento decisivo”

Henri Cartier-Bresson, fotógrafo del “momento decisivo”

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El artista francés Henri Cartier-Bresson, quien ha pasado a la historia como “el padre del fotorreportaje periodístico”, captó con su cámara a personajes como Albert Camus, Pablo Picasso, Henri Matisse, Marie Curie, Édith Piaf, Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Martin Luther King, además de celebridades como Coco Chanel y Marilyn Monroe, entre muchos personajes más de la historia del siglo XX en el mundo.
Cartier-Bresson nació el 22 de agosto de 1908 cerca de París. Estudió pintura en Montparnasse en la academia de André Lhote y frecuentó los círculos surrealistas parisinos. “Demasiado tímido y demasiado joven para tomar la palabra”, dijo años después, y realizaba collage siguiendo los enfoques de su amigo Max Ernst.
“De niño pintaba los jueves y los domingos, y soñaba con ello el resto de la semana”, escribió alguna vez. Sus pinturas más antiguas datan de 1924 y evidencian la influencia de Paul Cézanne.
En esa época contrajo “el virus de la geometría”: sus pinturas de entre 1926 y 1928 están compuestas según los principios del número áureo. Pero después de una primera etapa como dibujante y pintor, a partir de 1930 se dedicó a la fotografía, de la cual ha dejado un amplio legado al mundo. La obra fotográfica de Henri Cartier-Bresson es el resultado de una clara predisposición artística, un aprendizaje perseverante, algo del espíritu de su tiempo, aspiraciones personales y numerosos encuentros, comentan los especialistas.
Imágenes a hurtadillas
Famosos son sus reportajes fotográficos de la muerte de Mahatma Gandhi, la Guerra Civil española, la entrada triunfal de Mao Zedong a Pekín o la vida en Rusia después de la muerte de José Stalin, siendo el primer periodista extranjero en entrar a ese país en ese momento. Su objetivo como fotógrafo siempre fue “atrapar el instante decisivo”, versión traducida de sus “imágenes a hurtadillas”.
En 1937 filmó Victoire de la vie, una película documental sobre la España republicana y a partir de entonces se especializó en el reportaje fotográfico, siendo uno de los primeros en utilizar la cámara de 35 mm. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo internado en diversos campos alemanes de prisioneros, de donde pudo fugarse y regresar a París para enlistarse en la resistencia francesa. Realizó reportajes fotográficos sobre la ocupación y la retirada alemana de Francia.
En 1945 dirigió para la oficina de información bélica de Estados Unidos el documental Le retour, y dos años después organizó una exposición de sus fotografías en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Ese mismo año fundó, junto con fotógrafos reconocidos, como Robert Capa, David Seymour y otros, la legendaria agencia cooperativa internacional de fotografía Magnum Photos.
Sus fotografías, recopiladas en diferentes colecciones (El momento decisivo, El mundo de Henri Cartier-Bresson), se definen por el rigor de su composición, la yuxtaposición de elementos y por un sentido estético derivado de su experiencia en las artes plásticas.
Reconocido teórico del arte de la fotografía, exaltó lo que él llamaba “el momento decisivo”, es decir, que el fotógrafo debe descubrir sobre el terreno aquel instante único y significativo, cuando la escena adquiere su máximo sentido expresivo.
Por lo que respecta a su técnica, se basó en positivar los negativos completos, sin encuadres ni recortes. Su obra se ha presentado en Nueva York (1946 y 1967), Londres (1955), París (1967 y 1969) y Madrid (1983).
En México su obra se presentó en el Museo del Palacio de Bellas Artes en 1935 (junto al trabajo de Manuel Álvarez Bravo) y en 2015, once años después de su fallecimiento ocurrido en 2004. Para su exposición en 1935 estuvo en México (y Estados Unidos) y entabló contacto con protagonistas de las luchas posrevolucionarias.
Cartier-Bresson decía que el cine le había “enseñado a ver” y manifestó su deseo de dirigir películas. El cine le interesó en el contexto de su propio compromiso militante, ya que se dirige a una mayor audiencia que la fotografía y permite, mediante su estructura narrativa, transmitir mejor el mensaje.
En 1935, en Estados Unidos, aprendió los fundamentos de la cámara de cine en el seno de una cooperativa de documentalistas que, inspirados en las ideas tanto políticas como estéticas de los soviéticos, se congregaban en torno al fotógrafo Paul Strand bajo la denominación de Nykino. Con ellos dirige su primer cortometraje.
A su regreso a París, en 1936, después de haber intentado sin éxito que los directores Georg Wilhelm Pabst y Luis Buñuel le contratasen como ayudante, inició una colaboración con el director francés Jean Renoir, la cual se prolongó hasta la guerra.
A partir de los años setenta, Cartier-Bresson, ya sexagenario, dejó paulatinamente de responder a los encargos de reportajes, es decir, de fotografiar en un marco obligado. Al considerar que Magnum se alejaba cada día de su espíritu fundacional, se retiró de los negocios de la agencia. Su fama internacional no dejó de crecer, hasta convertirse en una leyenda viva.