Los ocho ganadores de los premios nacionales de literatura joven 2018 se presentaron en el Palacio de Bellas Artes para compartir con el público detalles de las obras por las que obtuvieron el galardón al que convoca el Programa Editorial Tierra Adentro de la Secretaría de Cultura.

En la Sala Manuel M. Ponce, Jimena Barrañon, editora del Fondo Editorial Tierra Adentro, destacó que se trata de escritores comprometidos con el arte, la cultura y la literatura y que en cada una de sus obras se encuentran detalles que los hacen merecedores a ese premio.

Aldo Rosales, Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay, comentó que su libro, titulado Linde faz, incluye cinco crónicas con las cuales busca reflejar desde un lado más humano, el mundo de la lucha libre.

A partir de entrevistas con luchadores y boxeadores, el autor escribió estas crónicas en las que devela las vidas y vivencias por las que atraviesan quienes se dedican a ese espectáculo y que incluyen situaciones de discriminación y pobreza.

El ganador del Premio Nacional de Novela Gráfica Joven, David Espinosa, celebró que su libro Nido de serpientes, haya sido reconocido en la tercera edición de este premio, el más nuevo de los galardones de Tierra Adentro que reconoce al cómic como un género literario.

El volumen, dijo, es una historia de aventuras de un grupo de amigos que viven en Cancún, una ciudad que no está diseñada para niños y adolescentes sino para los turistas y todos los problemas en los que se meten, eso sí contada con mucho humor a manera de una película de acción.

Por su parte, Pablo Piceno fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino por La Castellane errante, libro en el que toma a un personaje de la cultura popular como Zinedine Zidane para denunciar diversos conflictos de orden político-social.

El joven autor crea un relato poético que habla de migración, discursos independentistas, lo subalterno y los oprimidos, a pesar de la contradicción que implica querer dar voz a un sector al que el escritor no pertenece y que como señaló Pablo Piceno, es uno de los conflictos éticos de la escritura.

En tanto, Gerardo Lima, ganador del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri, recordó que en 2008 fue la primera vez que concursó por ese galardón, que obtuvo en 2018 por Cosmos nocturno, libro que escribió cuando estaba enfermo de neuropatía.

El volumen está integrado por una serie de cuentos raros, relatos breves muy plásticos y oscuros, donde predominan el color amarillo, el dolor, los insectos y criaturas extrañas y se detona la fantasía a través de algo doloroso como el sufrimiento físico.

Isabel Quiroz, reconocida con el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo por Valentino Clemens y los chicos perdidos del wonder-nada, apuntó que esta obra habla de un grupo de amigos que, procedentes de hogares rotos, se convierten en familia.

En un país donde los jóvenes no tienen oportunidades y de hecho desaparecen y mueren, la autora comentó que los chicos perdidos de su obra, a pesar de sus orígenes, sueñan con hacer un mundo mejor para ellos mismos.

De Jalisco, Hiram Ruvalcaba conquistó el Premio Nacional de Cuento Joven Comala con La noche sin nombre, volumen que retrata historias de violencia, la cual se ha convertido en un golpe del que muchas veces no se puede escapar.

La noche sin nombre, dijo, oscila entre la violencia y la sensación de angustia, por ejemplo, ante situaciones como la desaparición de jóvenes, el perder en la playa a un sobrino pequeño o ante una enfermedad terminal.

Por otro lado, Néstor Pinacho, Premio Nacional de Novela Joven José Revueltas señaló que De las cenizas en la tierra es una novela que también trata de la violencia, a partir de un pueblo ficticio que es víctima de un desplazamiento forzado.

El libro ve más humanamente lo que acontece ante un desplazamiento de este tipo, donde el autor juega con la estructura narrativa a través de la mirada de un niño, un sicario o un comandante del Ejército para dar voz a los diferentes actores.

Finalmente, Adrian Chávez, ganador del Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez, por Strauss quería pastel, indicó que este volumen está integrado por ensayos que giran en torno a la idea del cover, la copia o el refrito.

Temas como la masculinidad o la identidad mexicana son abordados en textos cuyo nivel estético parte de la contradicción y la improbabilidad para encontrar en un mismo ensayo a Shakespeare y El rey león.

Los ocho volúmenes de estos premios nacionales de literatura joven buscan impulsar el talento de los jóvenes de todo el país a través de la publicación de sus obras en los diferentes géneros literarios. Las obras ya están a la venta.

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