El estrés severo y prolongado genera distrés o angustia que pueden afectar el sistema inmune de los animales, al grado de desarrollar patologías, afirma el doctor Claudio Gustavo Ruiz Lang, profesor de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El distrés se caracteriza por ser un estado aversivo y negativo en el cual los procesos de adaptación no logran devolver al organismo a la homeostasis –capacidad de regular y mantener sus condiciones internas– fisiológica y psicológica.

Esta progresión hacia el estado de inadaptación puede deberse a un estresor severo o prolongado o por múltiples eventos estresantes acumulativos con efectos nocivos, lo que puede conducir a un estrés agudo y crónico, siempre que las funciones biológicas del cuerpo estén lo suficientemente alteradas y sus mecanismos de adaptación comprometidos, explica el autor del artículo Estrés. Conceptos básicos y su relación con el bienestar animal.

La ruta de respuesta al estrés comienza cuando el sistema nervioso central reconoce la amenaza a la homeostasis. Después viene la respuesta biológica –que puede ser conceptual, automática, neuroendocrina, inmunológica– que en sí misma puede no ser suficiente o incluso resultar perjudicial pues la hipersecreción de sustancias como los corticosteroides –esenciales para el proceso de adaptación– podría producir una disfunción metabólica e inmune pronunciada.

El siguiente paso –ya sea que la función biológica sea normal o resulte alterada–se puede dividir en tres etapas: la primera tiene que ver con la reacción de alarma, que incrementa la secreción de adrenalina y noradrenalina por la médula adrenal, que, a su vez, se divide en dos fases: la de choque, en la que se presenta la reacción de alarma, y la de contrachoque, que disminuye la función simpática y aumenta la parasimpática.

La segunda etapa es de resistencia o adaptación y es cuando se normalizan las secreciones de la corteza y medula adrenal, dicho de otra forma es cuando el organismo logra adaptarse y regresar a su estado inicial.

En caso de no lograr mantener la calma entonces el organismo pasa a la última etapa: la de agotamiento, que es cuando ya no puede hacer frente con éxito al agente productor de tensión y desemboca en disminución del sistema inmune, aumento de la morbilidad y mortalidad, disminución en la ganancia de peso y de la conversión alimenticia, detrimento de la fertilidad e incremento de fallas reproductivas, menor secreción de estrógenos y testosterona, así como de LH –que contribuye a la secreción de testosterona y permite las modificaciones cíclicas del ovario durante el ciclo menstrual– y FSH –hormona folículo estimulante cuya función es regular la producción de espermatozoides y la maduración de los óvulos–.

Sin embargo, el investigador señala que no todo el estrés es malo pues también puede provocar placer. Dentro del estado conocido como eustrés (estrés útil o bueno) existen comportamientos gratificantes cuyas respuestas fisiológicas contribuyen a restaurar el bienestar animal.

Factores que a pesar de ser estresantes provocan respuestas fisiológicas positivas producen sensaciones de placer y además funcionan para contrarrestar, entre otras, infecciones virales o bacterianas, amenazas a la integridad física, restricción al espacio vital, hambre y sed, concluye Ruiz Lang, investigador del Departamento de Producción Agrícola y Animal.