A la pobreza que de por sí sufrían los pueblos indígenas de América Latina se ha añadido el impacto desproporcionado que la pandemia de COVID-19 tiene en las comunidades más vulnerables. “Si no los protegemos, perderemos sus conocimientos, su visión y su respeto por nuestros ancestros”, advierte Alicia Bárcena, la máxima dirigente de la comisión económica para la región.

Buena parte de América Latina y el Caribe padece años de retraso económico y la crisis generada por la pandemia de COVID-19 hará que millones de personas caigan en la pobreza, sumándose a los otros cerca de 230 millones que ya viven en esa situación.

Entre los grupos de población más susceptibles a empeorar las condiciones de por sí precarias en las que se encuentran, destacan los pueblos indígenas, que padecen un efecto desproporcionado de los embates sanitario y económico de la actualidad.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) expuso su preocupación por este colectivo, que atesora un cúmulo de conocimientos en ocasiones subvalorados y que a menudo carece de acceso a servicios de salud y agua potable, entre otros.

Al principio de su carrera profesional, Alicia Bárcena trabajó con comunidades mayas en su natal México y pudo observar los riesgos sanitarios y de otro tipo que enfrentan los pueblos originarios.

En una entrevista con la responsable de las comunicaciones de la ONU, Melissa Fleming, Bárcena habló del golpe que la pandemia asesta a los pueblos indígenas de la región, así como de su alarma por la pérdida de los conocimientos ancestrales a causa de la pobreza y la desigualdad, que los obliga a abandonar sus costumbres para tratar de sobrevivir en sociedades que los excluyen.

“Es un mal momento para la región: somos el epicentro de la pandemia y la pobreza extrema está aumentando. Se prevé que la pobreza afectará a unos 230 millones de personas, 95 millones de las cuales caerían en una situación de pobreza extrema. Cuando vemos quiénes son estas personas, nos damos cuenta de que, sobre todo, son indígenas, y que más de la mitad son mujeres.

Además, el mundo afronta una falta de liderazgo. Necesitamos un liderazgo global, no nos hace falta que cada país se centre en sus problemas. Necesitamos cooperación, acción colectiva”, advirtió la secretaria de la CEPAL.

Eres mexicana y creciste en México. ¿De dónde viene tu especial preocupación por los pueblos indígenas?

“Soy bióloga y empecé mi carrera profesional trabajando como especialista en botánica en una comunidad indígena maya. Así que en cierta forma empecé aprendiendo de los mayas los nombres de las plantas y sus usos. Ahí entendí que tienen una cosmovisión y una percepción del mundo totalmente diferente de la nuestra, quiero decir la del mundo occidental. Tienen una visión muy clara de que somos parte de la naturaleza, no de que estamos aquí para conquistarla.

Me preocupa que por no proteger a los pueblos indígenas perdamos sus conocimientos, su sabiduría, su visión de la biodiversidad del mundo, del futuro y su respeto por nuestros ancestros.

También temo por las comunidades de la Amazonía, donde estamos perdiendo muchas hectáreas de selva y los pueblos están en riesgo porque, desde luego, no tienen acceso a servicios de salud o agua limpia y están marginados de las mejores tierras.

“Siempre me ha impresionado la cultura prehispánica de México y la confrontación con el colonialismo que surgió del remplazamiento de la cultura y los pueblos indígenas. Sin embargo, es un país que respeta el legado histórico de los pueblos indígenas.”

En tu región se había logrado un gran avance en la reducción de la pobreza, pero llegó el COVID-19 y dio lugar a un retroceso. ¿Cómo te sientes por esto?

“Muy frustrada. América Latina y el Caribe había empezado a registrar una disminución de la desigualdad por primera vez en 2002. Eso se debió en parte a un liderazgo progresista, con gobiernos que de verdad buscaban reducir la pobreza. Y conseguimos progresar mucho. La región pudo sacar de la pobreza a unos 60 millones de personas.

“Los problemas actuales no empezaron con la pandemia. La tendencia a la reducción de la pobreza empezó a revertirse en 2014. Comenzamos a tener un crecimiento mediocre con programas de austeridad fiscal que no evitaron que se incurriera en una mayor deuda.

“Y ahora, con la pandemia, encaramos una situación muy delicada y una crisis aún peor que la de la década de los años 80. Más que nunca, vamos a ver a mucha gente caer en la pobreza, quizá a unos 230 millones de personas.”

En muchos países de tu región se ha distorsionado el conocimiento científico sobre la pandemia, incluso por parte de los líderes políticos. ¿Cuál es la reacción ante esto de una persona entrenada en la ciencia?

“Hay muchas cosas que no sabemos sobre esta pandemia y, de alguna manera, esta emergencia nos ha recordado la importancia de la evidencia y el conocimiento científicos. Trato de leer todo lo que puedo sobre este virus y sobre el comportamiento de la pandemia.

“La ciencia debe ser la base de nuestras decisiones. Por ejemplo, queremos reabrir nuestras economías. Y no hay un dilema entre salud y economía, la salud es primero. Por eso necesitamos apoyar el ingreso básico de la gente, porque ésta no será una crisis de corto plazo.”

¿Hay algo positivo, algo que te dé esperanza en esta situación?

“Espero que sea posible el establecimiento de un nuevo contrato social, una relación diferente entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil. De verdad creo que necesitamos que la gente hable. Tengo mucha fe en la comunidades, en la solidaridad que muestran. Creo que hay mucha esperanza en que podamos unirnos en una acción colectiva de mayor cooperación porque esa es la única manera de salir de esto”.