Hace un año, Zimna Wojna (Cold War), un suntuoso melodrama en blanco y negro inspirado en la historia de sus padres, entusiasmó al jurado de Cate Blanchett, que le concedió el Prix al mejor director. Cuando acaba de integrarse en el jurado de los largometrajes de esta 72ª edición, Pawel Pawlikowski aborda las particularidades de su método de trabajo.

¿Cómo le viene la idea de una película?

Desarrollo dos o tres historias inspiradas en personajes que he conocido, situaciones vividas o que me han contado, una emoción, y espero, a base de escribir, que llegue ese momento en que una de ellas comienza a respirar, a cobrar vida. El proceso puede durar años. Siempre me distancio y luego regreso y, en ocasiones, junto dos historias en una. Todas mis películas son así.

Su propia historia también le sirve de inspiración…

Me imagino que eso se debe a que me he hecho mayor. Hoy tengo un poco más de distancia sobre mi vida. En el caso de Zimna Wojna (Cold War), me inspiré en la historia complicada de mis padres y de todo este conjunto folclórico que acompañó mi juventud. En el caso de Ida (2014), conocí una juez que era como la que yo describo en la película, un poco estaliniana. En el caso de la joven religiosa, también es una historia que tenía en mente. Así que las junté.

Sus últimas películas están también ancladas en la Historia. ¿Es su complejidad lo que le apasiona?

Sí, porque da empaque a los personajes. Les afecta. Deben encontrar su lugar y definirse frente a ella. Crecí en Varsovia, en un contexto donde la historia era importante. Había impactos de bala en las paredes de mi casa. Estaba rodeado de historias que guardaban relación con la Historia.

¿Cómo aborda la etapa de escritura del guion?

Siempre es bastante caótica. Reescribo una y otra vez mis guiones, que no son nunca muy extensos, ni están realmente terminados, algo que no tranquiliza a mis productores. Pero prefiero crear espacio para la imagen. No me gusta limitarme a traducir páginas en imágenes. Considero que los guiones siempre tienen algo de cliché. Luego siempre logro contar mis historias de forma más interesante, durante la puesta en imágenes. Además, también dedico mucho tiempo a localizaciones. Añaden algo a la historia pero también a lo que imagino de la historia, a su puesta en escena.

«Intento que la partitura sea hermosa y, para hacerlo, sopeso cada nota».

¿Rueda cronológicamente?

Lo intento pero no siempre funciona. Como en el caso de Zimna Wojna (Cold War). También intento no tener más de cinco días de rodaje consecutivos. Aprovecho ese tiempo de pausa para comenzar a esbozar el montaje. Es en ese momento cuando la película comienza realmente a cobrar vida. También reescribo la historia sobre la marcha, en función del resultado de las tomas. Descarto las escenas un poco aproximativas o que caen en el cliché. Y cuando me enfrento a una situación de bloqueo, estos momentos me ayudan a encontrar una solución.

Su puesta en escena es muy precisa…

¡Siempre llego a algo muy preciso pero siempre parto de un caos absoluto! Necesito estos espacios, sentir que tengo la posibilidad de escaparme si mi instinto lo dicta. Luego, intento que la partitura sea hermosa y, para hacerlo, sopeso cada nota.

¿Qué influencia han tenido sus inicios en el cine documental sobre su enfoque de la realización?

Mis documentales ya estaban muy trabajados. Hacía metáforas de la realidad buscando personajes y situaciones que ya se parecían a buenas ficciones. Cuando encontraba una buena situación, intentaba filmarla a contrapelo. Hacía síntesis, trazaba elipsis: jugaba. Aprendí mucho durante ese periodo. Fue mi escuela de cine. Así que pasar a la ficción no fue una transición radical. Todavía hoy sigo intentando esculpir la realidad.

¿Qué opinión le merecen sus actores?

Son tan importantes como la imagen. Tienen que entender que forman parte de la imagen y que no es su vida interior lo que me interesa.

¿Cómo se adaptan a su forma de trabajar?

Están preparados para el hecho de que se puede producir un cambio en cualquier momento. Saben que no hago literatura filmada. Algunos actores tienen mucho miedo de esta forma de trabajar. Otros entran en el juego. Para lograrlo, creo en el plató unas condiciones de laboratorio, donde intento que todo el mundo se sienta bien para que no les afecten tanto estos cambios.

Eso requiere que sus actores estén totalmente implicados…

Solo trabajo con actores que tienen tiempo y ganas de entregarse a la película. En el caso de Zimna Wojna (Cold War), la preparación de los actores duró seis meses. Joanna Kulig tomó clases de baile. Vivía con el conjunto folclórico para interiorizar la mentalidad de un colectivo como este. Por su parte, Tomasz Kot aprendió a tocar el piano y a hacer de director de orquesta. Hace falta tiempo para entrar en un personaje. Les propongo diálogos pero en ocasiones los cambio entre dos tomas para respetar la música de la película. Diría que la mitad de los diálogos cambia durante mis películas. Pero los buenos diálogos siempre sobreviven.