Principal Cultura Entrevista con Léa Seydoux, miembro del jurado de los largometrajes

Entrevista con Léa Seydoux, miembro del jurado de los largometrajes

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Léa Seydoux ya ha acudido al Festival de Cannes con siete películas, entre ellas La Vie d’Adèle (La vida de Adèle) de Abdellatif Kechiche, Palme d’or en 2013. Junto con Robert Guédiguian, la hermosa intérprete representa los colores de Francia en el jurado de los largometrajes presidido por Cate Blanchett. Sin embargo, nos habla de la importancia de superar las fronteras. Entrevista.
¿Cómo encara su papel como miembro del jurado de esta edición?
Con mucha serenidad, aunque me tomo mi trabajo muy a pecho. También siento una gran curiosidad por la opinión de los demás miembros del jurado, que me permite reflexionar sobre el cine, sobre mí misma y sobre mi relación con el mundo, el arte… La relación que he entablado con ellos es muy intensa. Debatimos mucho y podríamos pasar horas. Las emociones experimentadas como actriz y miembro del jurado son muy fuertes, es increíble lo que se puede sentir, esta diversidad de películas, incomparables entre ellas. El Festival de Cannes permite realmente vivir el cine un día tras otro.
¿Aporta una mirada de actriz a estas películas?
No, porque para mí la interpretación de los actores no está vinculada necesariamente con la emoción de la película. Por ejemplo, las películas de Robert Bresson son muy emocionantes, pero no podemos decir que sus actores sean los mejores. Después, por supuesto que diferencio, eso dependerá del director: algunos son excelentes en la puesta en escena, otros en la realización, otros en la dirección de actores… Una película redonda concentra todos estos elementos, con una homogeneidad segura.
¿Qué tipo de presidenta es Cate Blanchett?
La admiro, es un modelo. Es muy agradable sentirse intimidada por ella. Es muy receptiva y sensible, coloca a todos en pie de igualdad. Siento que nos quiere, son relaciones afectuosas. Me siento muy orgullosa de tener una presidenta del jurado que sea mujer, y sobre todo ella.
A menudo se menciona La vida de Adèle, soberbia Palme d’or, ¿pero qué película le gustaría presentar?
Me gustan varias, no sé si sería capaz de elegir una. Pero algunas de mis películas tienen una temática que me llega más. Incluso como jurado, observo que existen temas que me afectan más que otros. Las películas que guardan relación con la familia y la maternidad siempre son temas candentes para mí. Como un director que puede tener temas recurrentes, tengo la impresión que, como actriz, tengo temas que me emocionan. Quizás un día me liberaré pero, de momento, son los vínculos de sangre los que me llaman la atención.
Su carrera ha tomado una dimensión internacional, ¿qué visión tiene de Francia desde el extranjero?
En ocasiones, Francia puede ser intimidante, uno puede sentirse juzgado rápidamente. Tener una ventana abierta al ámbito internacional abre perspectivas. Es una respiración. Cuando ruedo en francés, es más íntimo y me siento más desnuda, en carne viva, mientras que en inglés hay más diversión. Los anglosajones juzgan menos en el trabajo. Uno tiene la posibilidad de llegar virgen, mientras que en Francia uno está vinculado a su entorno de inmediato, catalogado en una categoría. Me habría entristecido mucho ser una actriz francesa que solo rueda en Francia.
¿Qué recuerdos del Festival le han marcado?
¡Cuando recibí la Palme d’or! Fue increíble, una locura. Todo fue una locura, el premio, todo. Aquel año 2013, tenía otra película presente en la sección Un Certain Regard (Grand Central de Rebecca Zlotowski) y me quedé en Cannes. El Festival fue un poco deprimente, no había ímpetu. Y, de repente, se celebró la proyección de La vida de Adèle, la película que había hecho, que había sido difícil de hacer, una inversión por mi parte. En ocasiones, uno se mete en un proyecto que exige mucho pero acaba en nada. No existen reglas. Todo se alineó de repente, algo excepcional. Tenía tanto miedo, porque hay que meterse en el contexto, nos habíamos desnudado, tanto en sentido literal como figurado, y la reacción habría podido ser muy violenta. Me decía que iba a ser una carnicería. Y, de repente, fue como un terremoto. El hecho de que la película cosechara tanto éxito, que la gente se dejara ir, el Festival explotó, todo el mundo hablaba de lo mismo. Sentía que habíamos marcado la historia del cine e incluso de nuestro tiempo, porque era la época de las manifestaciones sobre el matrimonio para todos. Estábamos en una simbiosis con lo que estaba sucediendo políticamente, sentía que habíamos participado en una nueva etapa de la historia.