Encuentro con Noomi Rapace, miembro del Jurado de Largometrajes

Cultura

Noomi Rapace es una actriz intrépida, divertida y amante de la libertad. El año pasado dejó su huella en el Festival de Cannes con su actuación en el cuento fantástico Lamb, Premio a la originalidad Un Certain Regard. Este año está de regreso como miembro del Jurado de Largometrajes. Aprovechamos la oportunidad para conocerla mejor a través de las películas, los actores y las frases que han marcado su vida.

¿Cuál es el personaje de cine con el que más se identifica?

Cuando era más joven me identificaba con Henry de Barfly de Bukowski. Estaba obsesionada con esa película, en particular con el poeta alcohólico interpretado por Mickey Rourke. El personaje es el mismo Bukowski, sufría el maltrato de sus padres y las palabras se convirtieron en su arma y su manera de emanciparse. Hay una escena preciosa en Barfly en la que la editora que quiere publicar a Henry le da algo de dinero. Se acuesta con ella y ella intenta atraparlo, porque padece de esa obsesión que a veces la gente siente por los artistas. Ella le dice: «Puedes instalarte aquí y poseer todo esto». Y él le responde: «Pero yo no quiero vivir en una jaula de oro». Esa escena me marcó. Me sentía muy apegada a ese personaje que representaba la necesidad de ser libre. La riqueza, la fama, si se convierten en una prisión, no merecen la pena.

¿Quién le inspiró el deseo de dedicarse a la actuación??

Diría que Susan Sarandon, en Thelma & Louise y Pena de muerte (Dead Man Walking) con Sean Penn. Es una actriz cuya trayectoria he seguido de cerca. También podría mencionar a Patricia Arquette, Juliette Binoche y Emily Watson.

¿A quién admira?

Le voy a contar los dos momentos más emocionantes que he vivido.

Están relacionados. La primera vez que vine a Cannes fue para el estreno de Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres. Lucía un gran vestido negro y tenía la impresión de llevar una armadura. Entré al Grand Théâtre Lumière sin tener idea de qué película íbamos a ver. Era Un profeta (Un prophète). La película me atrapó por completo. Cuando encendieron las luces, había llorado tanto que estaba empapada. Me puse de pie y me di cuenta de que todo el equipo de la película estaba justo detrás de mí: Jacques Audiard, a quien adoro, con Tahar Rahim. Fue un momento tan emocionante que olvidé mi estado lamentable.

El otro momento ocurrió con uno de mis héroes de toda la vida: Forest Whitaker. He visto todas sus películas. Siempre me deslumbra, me deja sin aliento. Tiene algo tan humano, tan auténtico, algo que nos golpea y que nos deja sin defensas. Durante la Ceremonia de apertura, una vez más, lloré y mi maquillaje quedó hecho un desastre.

¿Recuerda su primera emoción cinematográfica?

Romper Stomper con Russell Crowe. Una película muy violenta. Creo que tenía unos 13 o 14 años, la vimos en la escuela con Asesinos natos (Natural Born Killers) en el marco de una semana contra la violencia. Me dejó sin aliento, ese joven lleno de ira tan peligroso como un animal enjaulado. Un poco como Terrritory, el extraordinario clip del grupo The Blaze, con esa mezcla de brutalidad animal y ternura. Eso es Romper Stomper: el animal enjaulado que llevamos dentro y que se convierte en una bestia peligrosa pero que al caer la noche se transforma nuevamente en un pobre niño. Crecí en una granja modesta, donde todo era sombrío y deprimente, y estas películas eran un soplo de aire fresco. Me hicieron descubrir una nueva visión de la vida, aunque fuera brutal.

¿Cuál es la frase de película que recuerda constantemente?

«¡Stellaaa! ¡Stellaaa!» de Marlon Brando en Un tranvía llamado Deseo (A Streetcar Named Desire). El primer personaje que interpreté en un escenario fue Blanche. Tenía 16 y años y me cambió la vida. Después de ver la película lloraba todos los días en el camerino. Había comprendido totalmente el impacto de mi personaje. La actuación de Marlon Brando fue un shock y tuvo un efecto de dominó: después de descubrir su actuación en esa película vi Apocalypse Now, y después toda su filmografía. Me encanta seguir la evolución de los actores o los cineastas. Por ejemplo Maggie Gyllenhaal, miembro del Jurado el año pasado. Sherrybaby me atrapó, y luego vi una tras otra las tres temporadas de The Deuce. Verla actuar es un placer intenso. Es dueña de un equilibrio entre una gran fragilidad por un lado, y por el otro una fuerza digna del paraíso y del infierno.

¿Algún «placer culposo» en lo que respecta al cine?

Mi hijo me ha insistido mucho para que vea las películas de Adam Sandler y durante mucho tiempo me negué. Finalmente vi Zohan: Licencia para peinar (You Don’t Mess with the Zohan) y me pareció divertida, y eso me llevó a ver otras películas por el estilo, como Virgen a los cuarenta (The 40-Year-Old Virgin) con Steve Carell. Me reí muchísimo.