Encuentro con Joachim Trier, miembro del jurado de Largometrajes

Cultura

Desde 2011, Cannes ve crecer el resplandeciente cine de Joachim Trier. La historia comienza en Un Certain Regard, con Oslo, 31 de agosto (Oslo, 31th August), y continúa en 2015 en Competición con El amor es más fuerte que las bombas (Louder Than Bombs), antes de que el director regresara a Oslo para rodar La peor persona del mundo (Verdens verste menneske), Premio a la mejor interpretación femenina por la actuación de Renate Reinsve. Una mirada a la epopeya de Cannes protagonizada por Joachim Trier, ahora miembro del jurado de Largometrajes.

Descubrió el Festival de Cannes y su universo en 2011. ¿Qué ha aportado esta experiencia a su carrera?

Siempre me ha gustado ver las películas que tenían el logotipo del Festival y Cannes ha tenido un gran impacto en mi carrera. Yo era uno de esos pretenciosos cineastas que decía: «No iré a Cannes hasta que me inviten». Finalmente, fui seleccionado por Oslo, 31 de agosto (Oslo, 31th August), mi segundo largometraje. Fue en Un Certain Regard, pero tuve la suerte de que mucha gente descubriera mi película, un outsider en cierto modo. Algunos pensaron: «¿Pero por qué no está esta película en Competición?». Fue algo bueno y ese es el espíritu del Festival: llamar la atención.

Sus películas han dado a conocer al mundo entero a dos actores: Anders Danielsen Lie y Renate Reinsve. ¿Qué cree que tienen de especial?

Podría hablar de ellos durante horas. Descubrí a Anders para mi primera película, Reprise. Es extremadamente inteligente. Cuando reflexiona y se le observa, dan ganas de adentrarse en sus pensamientos. Es algo raro. Pero cuando sonríe, sale el sol y es una persona muy cálida. Tiene ese espectro que va desde el hombre caracterizado por su gran inteligencia al actor vulnerable, capaz de expresar sentimientos profundos y sensibles, a veces de manera involuntaria. La interpretación no es su vocación, él es médico de profesión.

Renate tiene tanto talento como él, pero es una persona que siempre quiso ser actriz. Luchó arduamente, pero nunca se le dio la oportunidad de interpretar grandes papeles en el cine. Fue elegida para representar un pequeño papel en Oslo, una simple frase. Todavía no había terminado su paso por la escuela de teatro, así que se escapó para el rodaje. La conozco desde hace unos diez años y es una persona extremadamente divertida. Pero también tiene esa otra faceta que la gente ve reflejada en su trabajo: incluso sin hablar, tiene una presencia emocional, vulnerable.

Su coguionista de siempre, Eskil Vogt, presentó el año pasado en Un Certain Regard el largometraje The Innocents (De uskyldige). ¿Le dio algún consejo?

Eskil estudió dirección en La Femis y dirigió Blind, que es una película maravillosa. Hablamos mucho de dirección. No necesitaba mis consejos. Leo sus guiones, hablo con él como amigo y compañero, también hablamos del montaje. No siempre estamos de acuerdo. Pero es importante destacar que su cine es propio. Somos unos compañeros tan cercanos que deberíamos hablar de «nuestras» películas en lugar de «mis» películas. Y, además, a veces lleva a cabo otros proyectos, tiene su propio estilo. Tenemos algo muy especial y él siempre quiere seguir escribiendo conmigo, lo que me alegra. No quiero perder a Eskil, es una parte integral de mi trabajo.

Este año, forma parte del jurado de Largometrajes, ocho años después de haber sido miembro del jurado de la Cinéfondation y de Cortometrajes. ¿Qué aporta esta experiencia a un cineasta?

Le obliga a tener en cuenta lo que realmente le gusta en una película. Sería más sencillo ocultar mis propios gustos, pero es muy sano enfrentarse a las opiniones de otras personas a las que admiras. Es estimulante y estresante al mismo tiempo. Quiero hacer un buen trabajo porque sé lo que significa para los directores.