Encuentro con Andrea Arnold, presidenta del jurado Un Certain Regard

Cultura

Sólida representante del cine social británico, Andrea Arnold ambientó la trama de sus dos primeras películas en el corazón de los barrios pobres para retratar su miseria. Seleccionadas En Competición, Red Road (2006) y Fish Tank (2009) obtuvieron cada una el Premio del Jurado. En 2016, un nuevo Premio del Jurado por American Honey, su tercer largometraje, la acompaña cuando parte de la Croisette. Este año es la presidenta del jurado Un Certain Regard.

¿Con qué estado de ánimo emprende el rol que debe desempeñar?

Quiero sumergirme en cada uno de estos largometrajes con el mínimo de información posible. Con una idea completamente virgen de lo que deben contarme. En general, cuando me recomiendan una película, no me gusta saber por qué. Me gusta sorprenderme. Por eso no me gusta mucho escuchar a los directores cuando hablan de sus películas. Me gusta adentrarme en el universo de una película con una sensación de descubrimiento.

¿Qué hace que se enganche con una película?

La emoción. A todos nos gusta sentirnos conmovidos por una película. A veces la emoción nos atrapa inesperadamente. Es una sensación muy misteriosa que todos hemos vivido. Ya he participado en varios jurados y me he dado cuenta de que a todos nos conmueven más o menos las mismas cosas. Hay algo de universalidad. Las películas que vamos a ver vienen de todo el mundo y nos van a permitir descubrir perspectivas culturales diferentes. Pero creo que lo que nos va a unificar a todos es la humanidad.

Y visualmente, ¿qué la conmueve?

Cada realizador tiene su propia manera de comunicar las emociones, y estoy abierta a todas ellas. En algunas películas, se despliegan con moderación. Y en otras, de manera más poderosa. Por ejemplo, las películas de Michael Haneke me conmueven muchísimo, aunque en ellas los sentimientos siempre están un poco reprimidos. No espero necesariamente que la forma me conmueva. Prefiero el cine que nos invita a participar.

Este año la selección Un Certain Regard está formada en su mayoría por primeros largometrajes…

Las primeras películas suelen ser por lo general poderosas y valientes. Es la etapa en la que sientes menos timidez. Hago películas para desvelar mis sentimientos a los demás, y siempre surgen de lo más profundo de mi alma. Luego se los ofrezco al espectador de la manera más pura posible. No hay que tener miedo de mostrar aquello que sale de lo más profundo del alma, aunque ya hayamos pasado la etapa de la primera película.

¿Qué recuerdo conserva de su primer largometraje, Red Road?

La filmación fue muy difícil pues teníamos un presupuesto muy apretado. Llovía sin parar en Glasgow y a veces no dormía. Recuerdo que un día regresé a casa agotada. Era como la 1 de la madrugada. Me acosté en la cama vestida, con la ropa y los zapatos de lluvia. Y abrí una cerveza. Al día siguiente me desperté con el vaso en la mano. ¡Realizar una primera película es una aventura extraordinaria! De hecho nunca imaginé que Red Road podría ser seleccionada para participar en Cannes. Presentar mi primera película, en aquella sala inmensa después de haber recorrido la alfombra roja… es un recuerdo extraordinario.

Hablemos de Cow, su nueva película proyectada en el marco de Cannes Première. ¿Cuál fue el punto de partida?

Tiene algo que ver con mi infancia. Siempre he tenido una relación particular con la naturaleza, desde pequeña. Cuando era niña, pasaba mucho tiempo en la naturaleza. Me di cuenta de que con la edad la había perdido de vista un poco, aunque siempre la utilizo en mis películas como una especie de lugar secreto para desvelar mis emociones. Recuerdo que cuando era niña podía ver las vacas de los campos vecinos desde mi ventana. En Inglaterra, es muy frecuente tener en frente un paisaje así. Me causaba el mismo efecto que observar un cuadro. Quise saber qué se sentiría entrar en ese cuadro y descubrir su realidad.

¿Qué quería mostrar?

El estado de consciencia animal. Y observarlo. Filmé con una vaca lechera y su becerro. Al principio quería filmar la vida de esta vaca, ¡pero las vacas lecheras viven quince años y ningún miembro del equipo quería que el rodaje durase tanto tiempo! Así que decidí que el punto de partida de la película sería el nacimiento del becerro. Quise intentar comprender su ciclo de vida. El proceso duró unos cuatro años. Es una película que se desarrolla al ritmo de las vacas. Las observamos a su altura. Es como una exploración que llevé a cabo con mucha curiosidad. Les estoy muy agradecida. Pero no se trata de un documental.

¿Qué le ha dejado su paso por el universo de las series?

Es muy diferente del mundo del cine pues aterrizas en el universo de otra persona. Pero aprendí mucho y, sobre todo, me divertí mucho. En general trabajo con actores no profesionales, así que fue muy novedoso para mí pero me encantó. En Estados Unidos los equipos de rodaje son muy eficientes. La presencia del «showrunner» me permitía concentrarme exclusivamente en la dirección. Tenía más la impresión de trabajar que cuando hago mis propias películas, pero fue un trabajo divertido. Dicho esto, aporté mi toque personal. ¡Tal vez demasiado en algunos casos!

¿Qué cambiará con Brexit en la industria del cine británico?

Todavía no lo sé. Es demasiado pronto para saberlo, todavía nos estamos adaptando. Pero la votación me produjo una gran tristeza. Tengo la sensación de vivir en un mundo inestable y extraño. Es lamentable, esta separación. Quienes votaron a favor probablemente dirán que nos hará más distintivamente británicos. Y tal vez, si algo positivo puede salir de todo esto para el cine, se realizarán más películas distintivamente británicas.