“El virus de inmunodeficiencia humana VIH ya no es una enfermedad mortal, es una enfermedad crónica, controlable. La buena noticia es que tenemos el tratamiento retroviral que modifica la historia natural de la infección”, aseguró el doctor en Ciencias Biomédicas, Santiago Ávila, al impartir la conferencia Adaptación del VIH en la población mexicana: perspectivas para el desarrollo de vacunas y el control viral (2017).

La sesión formó parte del ciclo Los Viernes de la evolución, coordinado por los colegiados Antonio Lazcano y José Sarukhán, que se realizó de manera presencial en 2017, recomendación en línea del 1 de diciembre.

El experto en epidemiología molecular y redes de transmisión del VIH explicó que éste es un virus envuelto, es decir que está dentro de una burbuja de grasa y en el interior se encuentran las proteínas que guardan la información genética. Su genoma está compuesto de tres genes principales: el gaf, que se encarga de darle estructura; pol, que permite que se lleve a cabo el ciclo de replicación viral; y env, que ayuda a hacer contacto con las células que infectará.

“Dentro de la cápside viral se encuentra la información genética del virus en forma de RNA y resulta que este virus tiene que copiar esa información genética de RNA a DNA, normalmente en biología lo que ocurre es que el material que compone nuestros genes, el DNA, se transcribe a RNA mensajero y ese RNA mensajero genera las proteínas, pero el VIH hace lo contrario y por eso se llaman retrovirus. Una vez que se hace esta transcripción inversa de la información genética del virus, el DNA viral entra al núcleo y se integra en el genoma de las células y es una de las razones por las cuales el VIH no se puede curar, una vez que entra al cuerpo se queda en él y no se puede erradicar.”

Agregó que la enfermedad que provoca el VIH en su etapa terminal se llama Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). La progresión de la enfermedad se mide a través de dos parámetros clínicos, el primero es la carga viral, es decir el número de copias de RNA viral que se encuentra en la sangre del paciente; y el segundo es el número de células inmunitarias TCD4, que se van muriendo a lo largo de la infección. Es por ello que el padecimiento se divide en etapas aguda y estable.  “Normalmente una persona inicia con alrededor de mil células TCD4 por microlitro de sangre, y cuando llegan estos niveles a 200 se entra a la etapa de SIDA. Momento en el que aparecen las enfermedades oportunistas que causan la muerte. La evolución de la infección tarda alrededor de una década.”

“La buena noticia es que tenemos el tratamiento retroviral, lo que hace es modificar esta historia natural de la infección por VIH, disminuye la replicación del virus a niveles indetectables y permite una recuperación parcial de la inmunidad de la persona y por eso se puede prevenir completamente la aparición del SIDA, siempre y cuando se empiecen tratamientos en un momento adecuado. El único problema es que el virus no se puede erradicar del cuerpo y el tratamiento se tiene que tomar de por vida.”

El jefe del Departamento de Investigación en Enfermedades Infecciosas del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) comentó que el VIH es un virus que muta con frecuencia, está cambiando y es muy variable, tiene una gran diversidad, lo que complica la elaboración de una vacuna contra este patógeno, es un reto enorme para la humanidad, por ello hasta el momento no existe inoculación.

El VIH se clasifica en dos tipos, 1 y 2, que tienen orígenes evolutivos muy diferentes y a su vez se dividen en grupos y subtipos. Para tener una idea de cómo afecta la pandemia de este virus al mundo, en África, por ejemplo, habitan 37 millones de personas infectadas con el subtipo C. En México predomina el subtipo B, el mismo que en países desarrollados.

“En el origen evolutivo se sabe que el VIH 1 se asocia a los virus de los chimpancés y el VIH 2 con el mono mangabey ahumado. Los orígenes del VIH están en estos animales. La epidemia de este patógeno inició en Kinshasa, en 1920 y, de acuerdo con estudios, el grupo M fue el que explotó epidemiológicamente y el subtipo B apareció en Haití alrededor de 1964 y de ahí pasó a Estados Unidos. Así empezó a surgir la diversidad viral.”

En palabras del investigador, durante la transmisión del VIH sucede algo que se conoce como cuello de botella evolutivo, cuando una persona tiene una gran cantidad de variantes virales del patógeno y la transmite a otra, sólo le transmitirá una o dos de ellas y el virus generará en el siguiente hospedero la variabilidad, así irá evolucionando. Eso habla de selección.

Comentó que el control del VIH se asocia a los genes antígenos leucocitarios humanos (HLA por sus siglas en inglés), que tienen un papel fundamental en el sistema inmune y permiten al organismo reconocer las proteínas no nativas al escudo natural del cuerpo. El patógeno se adapta al HLA característico de la población de cada país, es este gen el que hace que el VIH cambie a nivel poblacional, evolucione y se adapte.

“El VIH se adapta rápidamente a las respuestas inmunes, tanto anticuerpos como a la respuesta inmunocelular. Mientras más va progresando la epidemia, más se va adaptando el patógeno, lo que se tiene que considerar en el diseño de vacunas. Las vacunas terapéuticas basadas en respuestas celulares son un componente fundamental para estrategias de cura.”

La conferencia Adaptación del VIH en la población mexicana: perspectivas para el desarrollo de vacunas y el control viral se encuentra disponible en la página de YouTube de El Colegio Nacional: elcolegionacionalmx.