La batalla que libra el equipo del Poder Ejecutivo en México es sacar a flote y liberar un gobierno “atascado en las pantanosas arenas de la corrupción para dar rumbo al país”, inmerso en embates internos y condiciones adversas debido a la situación económica mundial, considera el doctor Ricardo Espinoza Toledo, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Por ello, el reto del presidente Andrés Manuel López Obrador es rediseñar el presente para dar sentido a un futuro en ruinas heredado por administraciones anteriores, pero “como toda obra de ingeniería política, en la lucha complejísima contra la corrupción, está sentando los cimientos para el cambio de políticas, condición para la instauración de un auténtico Estado de derecho y el paso a un régimen nuevo”.

El docente del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa comenta que aun cuando se da cuenta de las fallas del liberalismo económico en Estados Unidos, Gran Bretaña o en Francia con los estallidos sociales, este tema es “más delicado” en América Latina debido a la enorme desigualdad y la debilidad institucional que caracterizan a la región.

“Es como si en cada ocasión en que llega un grupo al poder se impusiera una parte contra la otra, sin darse la oportunidad de incluir, integrar e incorporar a los diversos”; incluso en Bolivia o Chile, donde los avances en materia económica son indiscutibles, el “crecimiento de la economía por sí misma no es capaz de incorporar a las mayorías en los beneficios”.

En su artículo Cambio de régimen, el investigador de la Casa abierta al tiempo menciona que en México la crítica a las reformas estructurales que se comenzaron a instrumentar a partir de mediados de los años 80 del siglo pasado es por las consecuencias contraproducentes que arrastraron.

Sin olvidar las más radicales aprobadas en 2013, que contrariamente a lo ofrecido no crearon mejores empleos ni optimizaron salarios o el precio de los combustibles ni controlaron la inflación, pero sí incrementaron la desigualdad, la corrupción y la inseguridad.

Espinoza Toledo refiere que ante esto existen dos concepciones contrastantes acerca del desarrollo aplicable no sólo a México, como el robo de hidrocarburos, el “sabotaje contra acciones de la administración surgida en 2018 hasta llegar al ‘culiacanazo’ en 2019”, que mostraron en toda su extensión la enorme presencia y capacidad de movilización y de fuego de la delincuencia organizada.

“Y lo que se expandió gracias a la protección institucional que había acabado por atrapar en sus redes a los titulares de los órganos de gobierno encargados de la seguridad pública y, quizás, a sus jefes políticos, los ex presidentes de la República. El sistema de justicia también quedó capturado y la población en el desamparo”, asegura.

Por ello, a un año de haber asumido la presidencia López Obrador, un nuevo orden de cosas empieza a tomar forma: la desigual lucha contra la corrupción gubernamental; el precio de combustibles y la inflación se han controlado; los apoyos sociales sin intermediarios son un soporte necesario, al igual que sembrando vida y jóvenes construyendo el futuro, entre otros programas.

El académico resalta que “no se ha recurrido al endeudamiento externo, la paridad cambiaria se ha mantenido estable, se prohibió la condonación de impuestos y se han logrado acuerdos con importantes grupos de empresarios para invertir en grandes obras de infraestructura, así como para aumentar salarios”.

Mientras que en el plano externo, la administración actual logró la aprobación del Tratado entre México, Canadá y Estados Unidos (T-MEC) que ofrece certezas económicas y la detención en el vecino país de Genaro García Luna, quien fungió como secretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Felipe Calderón y director de la Agencia Federal de Investigaciones con Vicente Fox.

“Es un pequeño respiro para la Cuarta Transformación el que lleven ante la justicia estadounidense a quienes ‘ayudan a los cárteles a infligir un daño devastador a Estados Unidos y México’, como dijo el fiscal Richard Donoghue”.

El viejo discurso que prometía un futuro mejor se fue atorando en una realidad social y económica casi insostenible, razón por la cual los mexicanos votaron para cambiar ese orden de cosas como los beneficios a unos cuantos. Ahora la solidez de los cambios depende de la capacidad de persuadir a los diversos e incluirlos en el nuevo proceso, concluye Espinoza Toledo.