Bajo la premisa de garantizar tanto al público como a los artistas el derecho y acceso a la cultura, la Orquesta de Cámara de Bellas Artes (OCBA) ofreció este jueves por la noche la primera sesión de su Programa 3 de la Temporada 2019, dedicado específicamente a destacados compositores rusos del siglo XX.
Un amplio público conformado sobre todo por jóvenes —además de un inusitado buen número de extranjeros—, se dieron cita en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes para atestiguar, además, el debut con la OCBA del joven pianista mexicano Sebastián Espinosa, quien de entrada sedujo con su calidad, excelencia y simpatía a los asistentes.
Bajo la dirección del titular de la orquesta, el maestro José Luis Castillo, el programa de la noche comenzó con la interpretación del Adagio del ballet Gayane, de Aram Khachaturian (1903-1978), una pieza suave y sutil que propició un amable diálogo entre las diferentes secciones de cuerdas de la orquesta.
“Un ballet es una importante forma de arte”, decía el propio compositor, pues representa “la síntesis de las artes”. De ahí el valor compositivo de esta afamada pieza que se cuenta entre las obras más importantes del autor armenio y que ha trascendido el límite de los escenarios, ya que, a propósito, a más de uno le hizo recordar la película 2001, Odisea del espacio, pues Stanley Kubrick la incluyó en el soundtrack de la cinta.
Este fue el preámbulo para el debut del pianista invitado Sebastián Espinosa con la OCBA. El virtuoso del teclado tomó el centro del escenario para dar rienda suelta al Concierto para piano y cuerdas, de Alfred Schnittke (1934-1998), una obra concertante que desde el inicio se presentó como lo que es: una pieza contemporánea, propia de finales del siglo XX, cuando la música de concierto buscaba trascender los cánones de la composición clásica.
Al principio suave y ligera, poco a poco la obra, en la magia sonora propiciada por Sebastián Espinosa, transitó por caminos obscuros, quizá tenebrosos y desconcertantes, para llegar a cimas tal vez insospechadas. Apelando a su herencia escénica y dramática, el pianista ofreció una combinación de elementos estilísticos viejos y nuevos, de variación, forma sonata y forma cíclica, para aterrizar en una música apacible y gentil.
El público premió con sonados aplausos la intervención de Sebastián Espinosa, quien este año, dijo, trabajará con la Compañía Nacional de Teatro y el mismísimo Peter Brook, así como con Teatro de Ciertos Habitantes. La gentileza del ejecutante le llevó a compartir con el público a manera de encore un fragmento del Intermezzo op. 16, de Johannes Brahms.
“Al principio estaba muy nervioso, pero creo que los nervios los canalicé muy bien y al final quedé muy contento y muy emocionado”, dijo luego el solista invitado. “Me sentí muy apoyado por la orquesta en general y por el director, el maestro José Luis Castillo. Me parece que el concierto ha salido muy bien con todo ello”.
Aún emocionado, Sebastián Espinosa calificó que fue “un concierto muy emotivo, muy dramático, de muchos contrastes, porque empieza muy suavecito, muy tranquilo, en un tono muy sutil, pero conforme avanza se vuelve más violento, casi frenético”.
“Para un intérprete este concierto es muy retador porque requiere mucho equilibrio, puesto que está hecho de muchas emociones y es necesario no desbordarse a cada rato, sino encontrar el balance perfecto, luego es muy difícil regresar al control. Luego lo que me emocionó mucho fue ver la sala llena en su totalidad, ver un público, ese sí, desbordado en aplausos, y ver muchos jóvenes y muchas caras conocidas”, dijo el artista.
Luego de esta participación, el Programa 3 de la OCBA, dedicado a compositores rusos, concluyó con la Sinfonía de Cámara, Op. 118ª, de Dmitri Shostakovich (1906-1975), en una orquestación de su compatriota Rudolf Barshai, en la cual el ensamble mostró su experiencia y dominio del repertorio de cámara.
Este programa podrá disfrutarse una vez más el domingo 17 de febrero a las 12:00 en el Conservatorio Nacional de Música, con entrada libre al público en general.