El Ejecutivo Federal no respeta la naturaleza laica de nuestra República, quiere dictar la moral pública y abusa de los sentimientos religiosos de los mexicanos, advierte el PRD

En 2021 se cumplirá el bicentenario del triunfo de la Independencia de México, a un año de ese momento histórico que marcará dos siglos de vida republicana, en el PRD nos preparamos para reivindicarla, sobre principios sólidos, desde la izquierda y como fuerza social. La unión de los mexicanos, en tiempos difíciles, trasciende las siglas y los colores de un partido, va más allá del símbolo, la figura o el relato de una sola epopeya histórica. La defensa de la democracia en México, la autonomía y libertad de organizaciones y ciudadanos implica un esfuerzo permanente. 

El 2020 ha sido un año aciago, un tiempo para expresar solidaridad a las víctimas de la pandemia de COVID-19, de la inseguridad, de la pauperización económica que viven millones de mexicanos como consecuencia de una presidencia errática que, un día sí y otro también, traiciona la bandera de la izquierda en los hechos y trata de sostenerla en el discurso. Cuando la principal figura, el poder ejecutivo, promueve acciones inconstitucionales en nombre del pueblo, peligra el pacto fundamental que fue fruto de nuestra independencia, el pacto constitucional, el compromiso jurídico entre el ciudadano y el gobierno. Sin respeto a la ley no hay democracia ni demócratas.

En tiempos difíciles, con la crisis sanitaria y sus deudos, el ánimo social no está para grandes fiestas y grandes dispendios. En el festejo del centenario de la gesta revolucionaria de 1810, bajo la dictadura de Porfirio Díaz, Francia nos legó la figura alada de la diosa de la victoria, el Ángel de la Independencia. Mientras la Ciudad de México se iluminaba por primera vez y se le ordenaba al pueblo que saliera del Zócalo si no usaba pantalones para no afectar la imagen del festejo, surgía el movimiento revolucionario que encabezó Francisco I. Madero.

Este 15 y 16 de septiembre, en la Plaza de la Constitución, otra vez la fiesta va a estar al servicio y presencia de un solo hombre, de López Obrador. El pueblo va a estar ausente como parte de una fallida política de sanidad que nos obliga a mantenernos distantes como medida fundamental de sobrevivencia. El riesgo de contagio de todos los participantes en el festejo no pasó por la consideración del presidente, ni los más de setenta mil mexicanos muertos.

No hace falta la fiesta para conmemorar, para celebrar la lucha por la construcción del Estado de Derecho, sino que hacen falta acciones que lo defiendan. En 1813, el Congreso de Anáhuac establecía, con la firma de Morelos, el Siervo de la Nación, la celebración del 16 de septiembre como aniversario de la conquista de la Independencia y la libertad. Es necesario preguntarnos: ¿Cuáles son hoy los Sentimientos de la Nación? ¿Qué festeja el presidente de México en medio de la pandemia más mortífera que ha vivido el país?

Ahora, los “Servidores de la Nación” son un ejército electoral del presidente que manipula los programas sociales federales, que incluye en su nómina a líderes de asociaciones religiosas con la encomienda de repartir una Cartilla Moral y promover la imagen del presidente. Desde la silla presidencial, México vive una escalada contra el Estado laico que pretende sobreponer la figura del ejecutivo a través de un discurso religioso, del uso de recursos públicos y de los símbolos más representativos de la historia de la nación a la legítima imagen del ciudadano.

El PRD ha denunciado, a través de sus grupos parlamentarios, la indebida concesión de medios de comunicación a grupos religiosos, el abuso de funcionarios que realizan oficios religiosos en oficinas públicas y un largo etcétera. El Ejecutivo Federal no respeta la naturaleza laica de nuestra República, quiere dictar la moral pública y abusa de los sentimientos religiosos de los mexicanos.

Conmemorar la Independencia de México es un derecho a ejercer con responsabilidad, para lo cual es necesario defender la libertad a expresarse, de ciudadanos, organizaciones, partidos y movimientos sociales. Si el gobierno no está dispuesto a escuchar a la sociedad; si no quiere que especialistas, intelectuales y periodistas intervengan con propuestas y críticas en la vida pública; si desincentiva y ataca a empresas editoriales y descalifica el conocimiento científico: si abandona el legítimo espacio que toca ocupar a la izquierda democrática, estaremos ante un pronunciado autoritarismo que se gesta desde el Gobierno Federal, encabezado por Andrés Manuel López Obrador.