Niñas, niños, adolescentes, adultos; mujeres y hombres, familiares y amigos rindieron homenaje a Gilberto Aceves Navarro como le hubiese gustado, a través del dibujo, expresión artística que “tenía como uno de sus núcleos de corazón”.

Lápices, grafito, carboncillo, pastel, llegaron a las manos de decenas de personas de distintas edades y generaciones, quienes se reunieron en la explanada del Palacio de Bellas Artes, a invitación de la Secretaría de Cultura y del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) para conocer más del artista mexicano, del grabador, durante la Jornada de dibujo al aire libre.

En una clase magna dirigida por destacados pinceles, discípulos del maestro Aceves Navarro, entre ellos Gabriel Macotela, Manuel Marín, Jazzamoart, Catalina Aroch, Lorena Mata, donde los alumnos fueron transeúntes de esta ciudad, desde niños hasta personas de la tercera edad, se hizo homenaje no sólo al maestro sino a sus ideales, para quien la formación artística era fundamental en la formación del ser humano.

Este homenaje, dijo la Dra. Lucina Jiménez, es resultado de un compromiso público no sólo con el maestro Gilberto Aceves Navarro, con Juan Aceves, hijo del artista, y la Fundación que representan, “sino con el dibujo y el arte como un derecho cultural para todas y todos”.

Bajo la sombra de una enorme carpa y con el tradicional sonido del organillero como fondo musical, artistas de distintas generaciones compartieron la experiencia de convivir con niñas, niños, adolescentes y jóvenes talentos.

En su oportunidad, Juan Aceves, hijo del artista, afirmó que su padre colaboró para que los mexicanos podamos estar orgullosos de nuestra realidad, y agradeció a la Dra. Lucina Jiménez, al INBAL y a la Secretaría de Cultura, sus gestiones para organizar este homenaje con el cual se recordó al maestro de generaciones de mexicanos.

“Como artista, pero, sobre todo, como maestro, mi padre asumió un compromiso que sigue presente: siempre acercó a toda la gente al arte. Él acogió a todo mundo y nunca se fijó si podían o no podían dibujar”, expresó en entrevista Juan Manuel Aceves.

“Para él, el acto de dibujar no es que salga bien o salga mal, es un acto de expresión, de asimilación, de entendimiento de nuestras condiciones, de cómo nos vemos y cómo vemos el mundo. Es una práctica, más allá de que si el dibujo quedó bonito o no, que nos enseña a observar, y es algo que todos necesitamos como sociedad. Lo que siempre buscó fue que cada quien hallara dentro de sí mismo su individualidad y su manera de expresarse”, agregó.

Para Juan Aceves, compartir el dibujo con la gente fue la mejor manera de homenajear al maestro: “Esta es una manera muy apropiada de celebrar al maestro, porque así le gustaba celebrar. Hubo un momento en que también realizó una actividad similar, donde invitó a la gente que transitaba por la Alameda y el Palacio de Bellas Artes a un taller al aire libre, y después envolvió el palacio con esos dibujos”.

El también grabador Gabriel Macotela, quien recordó varias anécdotas junto a Aceves Navarro, señaló que compartir el dibujo con la gente fue la mejor manera de homenajear al artista.

“Aceves Navarro fue uno de los grandes maestros, como artista y como profesor, de la historia del arte mexicano. No se fijaba si uno tenía trayectoria o no, si tenía cultura o no; muchos veníamos desde abajo y por él aprendimos cultura”.

Entre los artistas invitados también estuvieron Alejandra Barrera, Marit Martínez, Marco Arce, Miguel González Casanova, principalmente.

Gilberto Aceves Navarro fue profesor de dibujo en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, ahora Facultad de Artes y Diseño, de 1971 a 2012. Convencido de que la exploración personal y la acción creativa sobre la propia percepción era la formación artística más profunda, abrió su taller en 1976 a sus alumnos más talentosos. Aceves Navarro desarrolló un método propio con el que enseñó a sus alumnos a sentir los contornos, las líneas y las formas para crear imágenes. Consideraba dibujar como el acto creativo que conecta el pensamiento y la mirada del artista con el mundo.

Entre sus obras destacan Poema floral, mural al óleo pintado en 1968 para el Pabellón de México en la Hemisfair de San Antonio, Texas; Yo canto a Vietnam, realizada en 1970 para el Pabellón de México en la Feria Mundial de Osaka, Japón; Canto triste por Biafra, de 1979, políptico al óleo de cinco piezas conservada en el Museo de Arte Moderno del INBAL; Apoteosis de Don Manuel Tolsá y las musas románticas, de 1984, técnica mixta que se encuentra en la explanada de la Facultad de Artes y Diseño (UNAM); Una canción para Atlanta, de 1993, mural en látex y acrílico pintado con motivo de los Juegos Olímpicos de 1996 en Atlanta, Estados Unidos; los murales Agredida por los zancudos y Los músicos, de 1994, el primero en acrílico sobre lámina de fierro instalado en el Museo Rayo, Roldanillo, Colombia, y el segundo, acrílico sobre tela, en Nueva York, Estados Unidos.