El cumplimiento del Tratado de Límites y Aguas de 1944 (que regula el uso y aprovechamiento de las aguas internacionales entre México y Estados Unidos) se ha hecho privilegiando los argumentos técnicos, el Estado de Derecho y la corresponsabilidad de las entidades involucradas.

Con dicho documento, ambas naciones establecieron la forma en que distribuirían el agua de los ríos que comparten, siendo éstos una de las fuentes de abasto natural para los estados del norte de México, que contribuye al desarrollo urbano, agrícola, industrial y económico en zonas con baja disponibilidad de agua.

En el Tratado se estableció que México aportaría a Estados Unidos, a través del Río Bravo, un volumen anual de 432 millones de metros cúbicos. Como nación, este acuerdo es ampliamente benéfico para México, porque recibe 4 veces más volumen de agua de Estados Unidos del que le entrega.

Estas entregas se realizan normalmente en ciclos de 5 años, y durante 2020 concluirá el correspondiente al número 35. El tratado establece que no pueden acumularse adeudos en dos ciclos consecutivos.

En octubre del presente año, México debe concluir con la entrega del agua que le corresponde del presente ciclo y por ello el Gobierno de la República ha desarrollado una estrategia para cumplir con sus obligaciones internacionales, dando certidumbre jurídica y técnica a los usuarios de la región, que ha requerido de la corresponsabilidad de las entidades mexicanas involucradas.

Para la entrega por parte de México se aporta, además del agua que descarga por el río Conchos, parte del almacenamiento de las presas ubicadas en las jurisdicciones de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, bajo el principio de que esos embalses deben contribuir a administrar y no a acaparar el agua.

El Gobierno de México seguirá actuando con estricto apego a criterios técnicos, legales y ecológicos para dar cumplimiento a sus obligaciones en el marco del Tratado de 1944.