Las actividades artísticas contienen el germen afectivo y emocional necesario para el florecimiento humano y son capaces de neutralizar las tendencias devastadoras del mundo del trabajo, argumenta la maestra Rocío Guadarrama Olivera en su libro Vivir del Arte.

El libro, editado por la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), desentraña la profesión de los músicos en México y analiza con profundo rigor sociológico aristas laborales, históricas, territoriales, culturales y de género, llegando incluso a hurgar en los aspectos más emocionales del gremio.

En la presentación, realizada en el Centro de Difusión Cultural Casa Rafael Galván, el doctor Luis Reygadas Robles, profesor del Departamento de Antropología de la Unidad Iztapalapa, dijo que el texto demuestra lo apasionante que resulta disfrutar el trabajo que se realiza, pero en muchas ocasiones el reconocimiento económico es escaso, resultando incongruente que, a pesar de las competencias musicales acumuladas a lo largo de años de formación, se padezca precariedad económica.

En realidad ya no sólo se trata de la condición de la profesión, sino de muchas otras asociadas a la labor creativa, las cuales han decidido no renunciar al reino de la libertad, alejándose de la burocracia y la eficiencia para buscar un trabajo significativo, emocionante y que apasione. Sin embargo, al sortear los avatares de la vida se convierte en una mezcla multifacética –cada vez más buscada por los jóvenes– pero conserva la inestabilidad profesional.

En esto ha derivado la actividad de ser músico, que se traduce en una empresa unipersonal de servicios múltiples sin tiempos delimitados, cuyas jornadas dependen de los horarios de docencia, ensayos y conciertos, y la búsqueda de concertación entre éstos y el temperamento persona, citó Reygadas Robles al leer un fragmento del libro. “Ha tenido que abandonar el ideal de lo que era ser músico para tener que navegar las aguas turbulentas del mercado”, añadió.

La precariedad laboral en este sector no debiera pensarse como un hecho social naturalizado, por más que las tendencias del mercado se vuelquen hacia la inestabilidad.

La doctora María del Carmen Moreno Carranco, investigadora del Departamento de Ciencias Sociales de la Unidad Cuajimalpa, reconoció el gran trabajo metodológico y la mente altamente científica de la autora, quien a lo largo de cuatro capítulos transita por la descripción de esta profesión en México, los caminos de la formación profesional, la precariedad y la hiperflexibilización para subsistir.

El género visto como orientación sexual y como ritmo musical también es determinante en el mundo de la música, por ello a través de varias etnografías detalla las migraciones mexicanas de los músicos, las trayectorias profesionales más peleadas y las vicisitudes territoriales del lugar, que también tiene una influencia importante en la música.

En 34 entrevistas la autora no sólo escuchó a los músicos, sino que incorporó sus voces a este completo estudio, que no sólo habla sobre el arte, sino el arte de vivir y de sobrevivir en este caso. La filigrana que elabora, las variables que cruza y la complejidad de la profesión permite entender momentos históricos narrados desde la etnomusicología.

Al término de la presentación la maestra Guadarrama Olivera se refirió a su libro como una empresa familiar, pues durante los años que duró esta investigación se inspiró en la profesión de músico que tiene su hijo, mientras compartía análisis literarios con su hija, quien fue partícipe en todas las entrevistas.

“Los sociólogos del trabajo hemos enfocado muchas de nuestras investigaciones a empleos industriales o de servicios, pero los artistas no figuran dentro de estos últimos, por lo que llamó mi atención una indagación de esta naturaleza”.

El texto pone el dedo en la llaga e ilumina una deuda histórica sobre la legislación del trabajo de los hacedores de arte y la consideración social de la necesidad de este tipo de trabajo en toda sociedad que aspira al desarrollo sustentable.

Si existe algo verdaderamente creativo es la manera como los profesionales de las artes sobreviven, el uso de múltiples disciplinas, el autoempleo y la autogestión a la que hace referencia la autora, es el pan cotidiano de los artistas músicos y demás hacedores del arte.

La doctora Guadarrama Olivera, adscrita al Departamento de Ciencias Sociales de la Unidad Cuajimalpa, ha centrado sus intereses de indagación en el estudio de la precarización laboral diferenciada por ocupaciones, el complejo tejido entre trabajo y arte y los vínculos entre espacios culturales urbanos y profesiones creativas.