Escritor y diplomático que dejó al país un gran legado: fundó el Ateneo de la Juventud (1909) junto con Pedro Enríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos. Un grupo de jóvenes intelectuales interesados en trazar las líneas del México moderno compartiendo la afición por Grecia.

Presidió la Casa de España en México y el hoy Colegio de México, fundó el Instituto Francés de América Latina (1944). Fue presidente de la Academia Mexicana de la Lengua (1957 a 1059), miembro fundador de El Colegio Nacional (1943) y varias veces candidato al Premio Nobel.

Sus obras completas comprenden veintiséis volúmenes y las publicó el Fondo de Cultura Económica, de cuya edición Reyes estuvo a cargo. Incluyen los géneros: poesía, narrativa, crítica, ensayo, memorias, archivo, prólogos, ediciones comentadas; suman doscientos dos libros.

Asimismo, legó una valiosa obra como traductor: Laurence SterneG. K. ChestertonAntón Chéjov y como editor: Ruiz de AlarcónPoema del CidLope de VegaGraciánArcipreste de Hita, Francisco de Quevedo.

Fue colaborador de múltiples publicaciones periódicas, tales como la Revista de Filología Española, la Revista de Occidente y la Revue Hispanique.

 

“Octavio Paz decía a propósito de esta pasión amorosa, que Reyes no era sólo un escritor, sino toda una literatura”. Braulio Hornedo

Desde la infancia sus inquietudes intelectuales fueron claras y obtuvo los primeros lugares en los diversos ciclos de instrucción. Creció en el seno de una familia acomodada. Hizo sus primeros estudios en escuelas particulares de Monterrey, en el Liceo Francés de la Ciudad de México, en el Colegio Civil de Nuevo León, en la Escuela Nacional Preparatoria y en 1913 obtuvo el título de abogado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, Universidad Nacional de México.

La Revolución mexicana de 1910 no favoreció a la familia Reyes, que tenía buenas relaciones con la dictadura porfirista. Su padre ocupó importantes cargos durante los gobiernos de Porfirio Díaz: fue gobernador del estado de Nuevo León y secretario de Guerra y Marina. Reyes recuerda que escribía en su cuarto de la ciudad de México con una carabina cargada, cerca de su escritorio; de vez en cuando, la divisaba, preguntándose si la tendría que usar, llegó a decir.

En 1911, cuando tenía 21 años de edad, publicó su primer libro Cuestiones estéticas. En agosto de 1912 fue nombrado secretario de la Escuela Nacional de Altos Estudios, antecedente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde impartió la cátedra de «Historia de la lengua y literatura españolas».

En 1913, su padre participó en el golpe de estado en contra del presidente Francisco I. Madero, lo que derivó en la Decena trágica. El general Bernardo Reyes murió el primer día de combate, en el Zócalo de la ciudad de México. Alfonso Reyes luego escribiría un poema a la memoria de esa tarde. Este hecho y la posterior participación de su hermano en el gobierno de Victoriano Huerta, lo hicieron salir del país y fue a incorporarse a la Legación de México en Francia, puesto que desempeñó hasta 1914.

Trabajó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, dirigido por Ramón Menéndez Pidal. En 1915 terminó Visión de Anáhuac, que se publicó en 1917. En 1920 fue nombrado segundo secretario de la legación de México en Madrid.

Durante más de veinte años (1924-1939) perteneció al servicio exterior y representó a México en Francia, Argentina y Brasil. No es exagerado decir que fue una figura esencial del continente hispánico, como lo ha atestiguado el propio Borges.

Entre los ensayos de Reyes, de esa época se encuentran Cuestiones gongorinas (1927), Simpatías y diferencias (1921-1926), Homilía por la cultura (1938), Capítulos de literatura española (1939 y 1945) y posterior a su largo exilio Letras de la Nueva España (1948).

Hacia 1939 Reyes se instaló definitivamente en México y construyó la residencia que siempre había deseado: una casa habitación integrada a una biblioteca que, en sus mejores tiempos, llegó a tener más de veinte mil volúmenes. Hoy es la Capilla Alfonsina de la ciudad de México.

Maestro de la lengua, de 1939 a 1952, en la cumbre de su madurez intelectual y escribió una larga serie de libros sobre temas clásicos, como La antigua retórica y Última Tule (1942), El deslinde (1944), La crítica en la edad ateniense (1945) y Junta de sombras (1949). También escribió sobre problemas mexicanos, americanos y temas muy variados: Tentativas y orientaciones (1944), Norte y Sur (1945), La X en la frente y Marginalia, de 1952. Entre sus traducciones también se encuentra parte de la Ilíada de Homero (1951).

Reconocimientos

Alfonso Reyes recibió los doctorados honoris causa por la Universidad de Princeton (1950),  por la Universidad de París (1958) y  Universidad de California en Berkeley (1958). Muy conocida la anécdota de su comentario al llegar a un restaurante de comida rápida de San Francisco: “Aquí las chicas sirven comida usando patines y con los muslos al aire, como en la Creta minoica», escribió en su diario.

El “regiomontano universal” vivió 70 años y murió en la ciudad de México el  27 de diciembre de 1959, víctima de una afección cardíaca. Fue sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres.