Principal Cultura Die Stropers, la mirada de Etienne Kallos

Die Stropers, la mirada de Etienne Kallos

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Tras haber dado sus primeros pasos en Cinéfondation con Doorman en 2006, el director sudafricano Etienne Kallos entra en competición por la Caméra d’or con Die Stropers (The Harvesters). La película narra la lucha entre dos jóvenes por el poder, el legado y el amor de los padres en el seno de una comunidad blanca aislada de África del Sur.
Cuéntenos la génesis de su película.
Quería hacer un film que narrara la historia de mi país, África del Sur, en la actualidad y que estuviera implantado en él. Me encanta recorrer sus territorios y conocer a gente de las regiones. La película nace de la generosidad de las personas que he conocido y sobre todo de la de los agricultores de las regiones del Estado Libre y de KwaZulu-Natal.
¿Qué ambiente se respiró durante el rodaje?
Primero, tuve que elegir el lugar más adecuado para nutrir el guion. Finalmente lo encontré entre 2011 y 2012, durante un viaje por carretera. A partir de ese momento, estuve en contacto constate con los agricultores de la región. En cuanto a los actores, solo dispusimos de una semana para ensayar, lo que nos llevó a improvisar con frecuencia, una situación de la que nació una confianza mutua. Al principio, intervenía bastante en las actuaciones de los actores jóvenes, pero en general, cuando les dejaba hacer lo que ellos querían, el resultado era mejor. Las escenas con muchos figurantes también supusieron todo un desafío. Recuerdo que una vez, en una discoteca, tuve que empezar a bailar solo para que el resto se relajara y empezara a bailar conmigo. En mi opinión, todo depende de la puesta en escena: la simbiosis entre la puesta en escena y los diálogos, los lugares y la escenografía es fundamental para hacer una película.
¿Qué puede decirnos sobre los actores?
Mi papel es sentir las emociones que emanan de los actores y, si ellos están de acuerdo, comprender juntos cómo sacar el máximo provecho de su experiencia personal y de sus sentimientos para narrar la historia. Trabajar con jóvenes en pleno crecimiento, como Brent Vermeulen y Alex van Dyk, fue todo un privilegio. Juliana Venter y Morne Visser, con más experiencia, añadieron pasión y disciplina al rodaje, lo que despertó en los actores jóvenes el sentimiento de pertenecer a una comunidad e hizo posible que se creara un lugar seguro donde cada cual se pudiera abrir a nuevas experiencias.
¿Cuáles son sus influencias?
Mi primer mentor, el dramaturgo sudafricano Reza de Wet, ha tenido una gran influencia en mí. Por otro lado, mi largometraje favorito es Women in Love de Ken Russell, un film que me emocionó muchísimo cuando era adolescente y propició mi iniciación en la obra de D. H. Lawrence. Su manera de tratar los detalles de la vida rural y de abordar la intimidad secreta entre las personas es para mí una fuente de inspiración constante.
¿Cuál es su visión sobre el cine sudafricano?
La industria cinematográfica en África del Sur está bien desarrollada y producida gracias a las productoras internacionales. En cambio, el medio de las películas independientes es más reducido, por lo que yo no lo tuve nada fácil para hacerme un lugar en él al principio de mi carrera. Aun así, en África del Sur hay muchas personas formidables e historias que contar, con lo que el cine independiente autóctono empezará poco a poco a desmarcarse del resto. Solo es una cuestión de tiempo.