Principal Política Demuestran tres jóvenes pianistas su destreza en la Sala Manuel M. Ponce

Demuestran tres jóvenes pianistas su destreza en la Sala Manuel M. Ponce

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Los asistentes a la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes disfrutaron de un recital en el cual tres jóvenes demostraron tanto el talento, como la técnica adquirida en los centros de educación musical donde han cursado, como lo han hecho anteriormente en concursos y presentaciones internacionales.
En casi dos horas interpretaron piezas de Federico Chopin, Serguéi Rajmáninov, Franz Liszt y otros compositores de talla internacional.
Elías Manzo, de Zacatecas, abrió el recital con música de Bach, continuó con Chopin y cerró con Liszt; si bien su instrumento es el piano, mencionó que le gustaría aprender a tocar el violín o la guitarra. “En una banda de rock, yo sería el guitarrista”, dijo en el camerino luego de su presentación. Su próximo objetivo es París o Nueva York.
En tanto, María Hanneman Vera interpretó obras de Alexander Peskanov, siguió con Chopin, Liszt y cerró con Isaak Berkovich; la parsimonia en su semblante y la delicadeza con que sus dedos aterrizaban sobre las teclas la hacían parecer otra nota en la suave música que inundaba la sala hasta la última fila.
María, que no dejaba de recibir aplausos entre cada interpretación, también ejecuta otros instrumentos; primero comenzó a tocar el violín, pero lo abandonó para concentrarse en el piano. Le gustaría presentarse como solista en Holanda, país con el cual guarda una estrecha relación. “Mi familia paterna es holandesa, me gustaría ofrecer un recital en esas tierras”.
Mientras su familia la felicitaba en camerino, habló sobre su acercamiento a la música clásica. “Cuando tenía cuatro años mis tías me regalaron un pianito”, y no bien lo dijo, sosteniendo uno invisible entre sus manos, mostraba las dimensiones del que seguramente recuerda bien. Por último, añadió que de haber elegido otro género musical, habría sido cantante de pop o de jazz.
Llegado el turno de Roger Ritter, demostró por qué le fue otorgado el honor de cerrar el concierto. Con una efusiva interpretación hizo que los asistentes se quedaran con él, de principio a fin, en una larga muestra del romanticismo moderno que más tarde mencionaría es de su gusto.
El joven Ritter encantó a la audiencia con explosivas composiciones de Rajmáninov; inundó la sala con vibrantes notas que iban en consonancia con su entrega a la música que interpretaba; el piano emitía una especie de torbellino cuya fuerza motora era la evidente vitalidad en el joven intérprete.
Al igual que sus compañeros de escenario, quiere aprender a tocar otros instrumentos. “Me gustaría tocar el órgano o el violín”, comentó en tono lacónico para luego añadir que “cuando tenía cinco años fui a un concierto con mi papá y me gustó mucho, jugaba a ser el director de la orquesta”. Roger dijo también que, de estar en una banda de rock, tocaría la batería. Su segundo género es el jazz.
Estos talentosos jóvenes tienen carreras que están apenas floreciendo y ya han conseguido premios de suma importancia en la escena internacional de la música clásica; la noche del domingo pasado, en la Sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes, no recibieron un premio, pero se ganaron la admiración de los presentes.