Con un legado imprescindible para la dramaturgia mexicana, el escritor Tomás Urtusástegui (1933-2020) falleció este miércoles en la Ciudad de México, dejando una vasta obra para el teatro nacional e internacional y un referente para las nuevas generaciones en la experimentación de las artes escénicas.

La Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). lamenta el deceso de quien fue reconocido en 2005 con el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón y cuya ausencia enluta a las letras mexicanas.

El guionista de cine, radio y televisión se tituló como médico cirujano en la Facultad de Medicina de la UNAM. Durante 50 años ejerció su carrera en el Instituto Mexicano del Seguro Social y tras su jubilación se dedicó por completo a aprender y ejercer otra de sus pasiones: el teatro.

Urtusástegui comenzó su carrera como escritor en el taller del maestro Hugo Argüelles, al que también asistían algunos miembros de la generación de dramaturgos de 1984, que fue conocida como la Nueva Dramaturgia Mexicana, en la que también destacaron escritores como José Agustín, Leonor Azcárate, Víctor Hugo Rascón Banda y Felipe Santander, entre otros.

Posteriormente, continuó su formación bajo la tutela de Vicente Leñero.

Por su obra fue catalogado como un escritor “realista” y aunque los temas que plasmó en sus obras eran diversos, sus textos se caracterizan por tener toques de humor negro y sátira, así como una crítica social que retrata la época en la que fueron desarrolladas, esto  no lo limitó para escribir obras infantiles.

Sus primeros guiones de teatro fueron dirigidos por directores de la talla de Enrique Pineda, Morris Savariego y Enrique Alonso, este último llevó su obra La nueva arca de Noé a un formato televisivo en 1988. Gracias al rápido ascenso de su carrera fue becario como creador artístico por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) de 1994 al 2000.

Los años que el maestro dedicó a los escenarios, fueron siempre fructíferos, se calcula que dejó en su haber unas 400 obras escritas, de las cuales, aproximadamente, la mitad han sido llevadas a escena.

El propio Urtusástegui declaró para una entrevista publicada en el sitio web Receso Saltillo que escribía ocho obras al año y se montaban más de 1000 representaciones anuales con guiones de su autoría.

Entre sus creaciones más destacadas se encuentran Y retiemble en sus centros la tierra, que lo hizo merecedor del Premio de Teatro Histórico INBA en 1985. Su obra Yo sólo sé que te vas. Yo sólo sé que te quedas ganó el Premio Plural de Teatro (1987); Cupo limitado, con la que obtuvo un premio en Japón y El fabricante de nubes, que lo hizo poseedor del Premio Nacional Obra de Teatro para Niños 1988. Otras obras que destacan son A siete columnas, Huele a gas, Teatro para la tercera edad y Soy Frida, soy libre.

Luego de consolidar la calidad y pertinencia de su obra, comenzó su carrera como docente en varios institutos del país: en 1999 fue nombrado director de teatro de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem). Un año después, presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Teatro de la UNESCO. Y también compartió sus conocimientos en países como Guatemala y Uruguay.

Además de plasmar su método de enseñanza en el Manual de Dramaturgia, libro en el que incita a sus alumnos a hacer de la escritura un oficio.

La ardua labor artística de Urtusástegui lo llevó a recibir el máximo galardón que otorga el gremio teatral en México, en 2005 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón que en palabras del entonces director del INBA, Saúl Juárez, le fue otorgado para “recordar al dramaturgo mexicano más completo en la historia de nuestra lengua”.

Su amor al quehacer teatral lo llevó a declarar en múltiples ocasiones que la mayor satisfacción que podía obtener era ver el montaje de sus obras sin importar si eran grupos amateurs o profesionales quienes lo llevarán a cabo.

Su pasión por el teatro fue reconocida en múltiples ocasiones previas a la presea Juan Ruiz de Alarcón: en 1999 recibió un premio especial de la Asociación de Críticos de Teatro por su trayectoria; además de obtener la medalla Mi vida en teatro de la UNESCO en el año 2000; así como la Presea al Mérito Autoral 2006, otorgada por la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Nacional de Derechos de Autor; también fue condecorado con la Medalla Nezahualcóyotl en 2008 y la Presea Caridad Bravo Adams en 2014, ambas otorgadas por la Sogem.

Entre otras distinciones, al maestro se le otorgaron las llaves de la ciudad de Dallas, Texas, gracias su obra Agua clara y en 1996 se realizó el Festival Tomás Urtusástegui en Utrech, Holanda, en su honor.