Francisco Rojo Lluch fue el padre de Vicente Rojo, miembro de El Colegio Nacional, parte de esa enorme cantidad de refugiados españoles que llegaron a México sin que su nombre haya pasado a la historia: fueron todos ellos técnicos, pero incluso obreros, campesinos, gente muy sencilla, “quienes tuvieron la enorme suerte de llegar a México y ponerse a trabajar en un momento en que el país necesitaba algo de sus conocimientos.”

Palabras del artista, a propósito de la presentación, el 3 de diciembre del catálogo Vicente Rojo. 80 años después. Cuaderno de viaje de Francisco Rojo Lluch en el vapor Ipanema. Burdeos-Veracruz, junio-julio de 1939, mismo título de una exposición inaugurada por vez primera en la Galería de El Colegio Nacional y que, en la actualidad, se encuentra en la Sala de Exposiciones de la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información (USBI), del campo universitario de Boca del Río, Veracruz, de la Universidad Veracruzana (UV).

“Cuando llegué a México, después de 10 años de franquismo, desde el primer día vi una luz hermosa. La vi en el puerto, junto a mi padre: el recuerdo que tenía de él fue cuando nos despedimos por razones muy complejas… tenía siete años, lo tuve siempre presente en nuestra casa en Barcelona y cuando llegué, él tenía una suerte de inquietud de ver a su hijo menor con una vocación artística: lo que quería era aprender a pintar.”

Una conversación que le sirvió al maestro Rojo para reconocer que en nuestro país no ha emprendido ningún trabajo en el que no haya sido “extraordinariamente acompañado: respeto, cariño, enorme libertad”. Así, recuerda la enorme cantidad de portadas que hizo para libros, aunque nunca tuvo clientes, siempre fueron amigos: “por lo tanto, las portadas, buenas o malas, yo hacía una sola portada.”

“Tuve la enorme suerte de juntar a un grupo de amigos para crear una editorial, que se llama Era, y que está cumpliendo 60 años. Las amistades que he tenido han sido fundamentales para hacer mi trabajo: solo, sin esas compañías, sin ese respeto hacia mi labor, no hubiera podido hacer esa enorme cantidad de creaciones, que sí reconozco.”

Fue el historiador Javier Garciadiego, miembro de El Colegio Nacional, el encargado de reflexionar las razones de que el exilio del Ipanema no haya sido tan famoso como el de los intelectuales, el de los artistas; la respuesta más sencilla, porque eran ágrafos.

“Estos médicos, estos ingenieros, estos técnicos, no escribieron sus memorias, no escribieron novelas ni poesía sobre el exilio, pero son fundamentales y habría que reconstruir esa historia. Fueron beneficiarios de la generosidad de México, pero, por otro lado, a México le aportaron enormes cantidades de trabajo, de creatividad, de conocimiento y de compromiso.”

Más o menos el 90 por ciento del exilio venía en el rubro de profesionistas o de técnicos de grado medio. Uno de ellos fue Francisco Rojo Lluch, valenciano, aunque radicado en Barcelona, quien se casó, tuvo cuatro hijos -el menor Vicente Rojo- y trabajó más o menos 26 años para la Compañía Catalana de Gas y Electricidad.

“Tuvo una politización tardía, realmente la comenzó cuando llegó la segunda república y la guerra civil. Ante la derrota de la república, junto con su familia pasó a Francia en enero de 1939, pero se tomó la decisión de que él viajaría solo, lo que no es extraño: una tercera parte de los varones que llegaron a México, viajaron en un primer momento solos.”

En 1947, una vez terminada la segunda guerra mundial y pacificado el Atlántico, llegaron dos hermanos, y en 1949 llegó a México Vicente Rojo y su madre; una parte de nuestra historia por la cual nos deberíamos congratular siempre, en palabras de Garciadiego, “porque gracias a eso tenemos en México a Vicente Rojo, un gran artista y, sobre todo, un mejor ser humano.”

“Más que un gran pintor, más que un gran artista plástico, más que cualquier cosa, Vicente Rojo es un protagonista de la historia cultural, no sólo de la artística. Ha estado involucrado en los principales hechos y procesos de esta historia cultural, en parte artística, en parte política, de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días.”

La narración visual de un viaje

La publicación del catálogo sobre la exposición contiene una presentación de Adolfo Martínez Palomo y tres textos de Javier Garciadiego, Marco Barrera Bassols y Amanda de la Garza, quienes se aproximan al exilio español y a la obra de Rojo desde distintas ópticas.

Para la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, el exilio narrado en el cuaderno de viaje de Francisco Rojo Lluch a bordo del vapor Ipanema, es representado “con amor profundo, en sublime significación plástica”, por Vicente Rojo: una experiencia histórica que, a la vez personal y social, es recreada “con sensible maestría mediante el lenguaje plástico, pictórico, expresión profundamente humana, que retrata un momento en la experiencia de vida de su padre.”

“La exposición es sublime creación de narrativa visual, que cuenta una historia con fundamento narrativo, en que el relato es escrito, mejor dicho representado, mediante el color, la forma, la proporción, la imagen en multiplicidad creativa: es una obra ejemplar, en la que un artista plástico reconstruye gráficamente las experiencias de su padre en su travesía a México en 1939, en uno de los barcos llamados de la Libertad: el Ipanema.”

La edición de Vicente Rojo. 80 años después. Cuaderno de viaje de Francisco Rojo Lluch en el vapor Ipanema. Burdeos-Veracruz, junio-julio de 1939, fue posible gracias a la colaboración El Colegio Nacional y la Universidad Veracruzana, suma que también se articuló con la Universidad Autónoma de Nuevo León, al Museo de Artes de la Universidad de Guadalajara y al Centro Cultural Jardín Borda, en Cuernavaca.

“Ello reafirma la memoria que articula presente con pasado, historia intergeneracional vivida con la dimensión social del futuro; registro escrito en emocionalidad de una travesía, que es elevada a la sublimidad estética de Vicente Rojo: gran obra que reinventa la narrativa hecha imagen. Gran homenaje al sufrimiento de quienes vivieron la amarga experiencia del exilio y el dulce renacer del refugio hermanado de México”, en palabras de Sara Ladrón de Guevara.

En el acto, el artista veracruzano Carlos Torralba describió las distintas aportaciones de Vicente Rojo al arte de la entidad, con énfasis especial en el diseño gráfico, en el trabajo con los libros, dentro de un diálogo que no se ha abandonado, como se refleja en la presencia del artista a través de la exposición.

“Ipanema viene a ser este reencuentro con algo que nos ha traído siempre en su obra: ‘esta es la parte más humana que tengo, vean lo que estoy recuperando’. Entonces va uno encontrando esta serie de cartas, esta serie de vivencias, esta serie de alegrías, entradas y salidas, que en algún momento uno pudiera pensar que sólo se habla de una obra, de un concepto, de una alegoría. Pero, cuando uno ve las piezas realmente… se habla de la recuperación de la misma personalidad, de la misma personalidad del artista.”

La presentación de Vicente Rojo. 80 años después. Cuaderno de viaje de Francisco Rojo Lluch en el vapor Ipanema. Burdeos-Veracruz, junio-julio de 1939, se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.