“Como humanidad hemos transformado como nunca antes el funcionamiento del planeta, hemos intervenido leyes naturales, la biosfera, la atmósfera y eso está teniendo una repercusión muy fuerte en la propia humanidad y, por supuesto, en todas las especies en el planeta”, advirtió Julia Carabias Lillo, miembro de El Colegio Nacional, durante la mesa ¿Cuál desarrollo para un planeta saludable?, celebrada el 30 de noviembre como parte del programa de actividades de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

Durante su participación, la bióloga aseguró que, a la situación crítica, económica y social, que hemos estado viviendo en los últimos años, se añade una situación crítica ambiental: la pérdida de la biodiversidad y el cambio climático, porque en nuestra forma de desarrollo hemos impactado, “hemos hecho una transformación que se está revirtiendo no sólo para la especie humana, sino para la vida en general en el planeta.”

“La pandemia que vivimos nos está dejando claro que no sólo se pone en riesgo a la población, sino también a la economía, a la seguridad global; pero también tenemos que cuestionarnos qué estamos comiendo, qué estamos produciendo, cómo se está transportando, cuáles son los impactos en el ambiente de esta producción también en la salud, en la sociedad y en la economía.”

Se trata de hacer una revisión profunda de un modelo de desarrollo al que no le hemos hecho las correcciones necesarias, a pesar de que desde hace décadas se está levantando la voz sobre lo inadecuado de la manera en que vamos, “en que seguir haciendo lo que estamos haciendo nos va a llevar a crisis mucho más agudas, vinculadas al agua, al cambio climático, a la pérdida de la biodiversidad”, enfatizó la colegiada.

En coincidencia, el doctor Julio Frenk, también miembro de El Colegio Nacional aseguró que el mensaje principal de una pandemia como la que vivimos en la actualidad, es que no se trata de un acontecimiento natural, sino es producto de la interacción de los seres humanos con su entorno, lo cual facilita la diseminación a escala global de microrganismos patógenos.

“El lado positivo de esto es que está en nuestras manos, desde iniciativas en el ámbito multilateral, modificar la relación con nuestro ambiente para hacer menos frecuente y más controlable este tipo de emergencias.”

El gran problema es que desde fines del siglo XX se han generado distintas condiciones para el aumento, muy significativo, de la frecuencia con que aparecen estos patógenos nuevos, y sobre todo de la velocidad con la que se difunden por el mundo. A ello, podría sumarse la manera en que la sociedad se prepara para enfrentar circunstancias como la actual.

“Uno de los elementos distintivos de la pandemia actual es que los sistemas de alarma globales fallaron, una de las grandes frustraciones de quienes estamos en la salud pública global. Cada vez que hay una pandemia aumenta el interés y los recursos, pero en cuanto pasa la fase aguda volvemos a lo anterior y estos temas se vuelven invisibles; esta vez supusimos que como fue con el Sars o la influenza de H1N1 se podría controlar con una pérdida relativamente menor en vidas humanas y en pérdidas económicas, pero no fue así.”

Y el gran descubrimiento dentro de este proceso, recalcó el actual rector de la Universidad de Miami, es la manera en que se pudo enfrentar la COVID-19: con una fracción infinitesimal de las pérdidas económicas que hemos sufrido a consecuencia de esta pandemia se hubiera podido financiar un sistema muy robusto de vigilancia alarma, preparación y respuesta, “que nos hubiera ahorrado millones de casos y pérdidas económicas tan severas.”

“Si algo ha revelado la actual pandemia es que ya no podemos seguir por este camino de desarrollo desmedido e incontrolado, sin pagar un precio elevadísimo, no solamente para el resto del planeta, sino también para la supervivencia de nuestra propia especie.”

El lado del desarrollo

Dentro del panorama de crisis que se vive a causa de la pandemia, uno de los elementos que se han puesto a discusión es la seguridad alimentaria, que también enfrenta desafíos, aun cuando se reconozca un incremento en la producción de alimento, “que se traduce en un 30 por ciento adicional de kilocalorías por persona en los últimos 50 años.”

“El problema es que para su producción se ha utilizado una gran cantidad de agroquímicos y de agua, ha tenido un impacto ambiental fuerte. Tenemos oferta suficiente, sin embargo, tenemos unos datos terroríficos: casi 700 millones de personas padecen hambre; 22 por ciento de los niños menores de cinco años padecen desnutrición crónica y ahora agregamos que cerca del seis por ciento tiene sobrepeso”, especificó Margarita Flores de la Vega, del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la UNAM.

A lo anterior, habría que sumar dos mil millones de personas adultas con sobrepeso u obesidad en el mundo, lo que representa el 40 por ciento de las personas en esa edad. En México la proporción es mucho mayor: 75 por ciento. Además, tres mil millones de personas en el planeta no tienen recursos para acceder a dietas saludables.

Para la profesora en la Especialización en Desarrollo Social de la división de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía, UNAM, los estudios globales recientes reportan cómo el cambio en el uso del suelo y el peso significativo de los sistemas intensivos en el uso de recursos con alto contenido de agroquímicos, fertilizantes, insecticidas, pesticidas, “tienen gran impacto en el cambio climático, en la calidad de los suelos, en la resistencia a enfermedades y en la contaminación de aguas y suelos.”

“Un elemento importante a considerar es que todavía los precios de los alimentos no internalizan los costos ambientales y sanitarios. Además, estamos perdiendo el 30 por ciento de lo que se produce de alimentos, 14 por ciento después de la cosecha o el transporte y, otro tanto, se desperdicia en los hogares.”

Frente a ese panorama, lo que debemos preguntarnos es cómo lograr la sustentabilidad y se necesitan introducir cambios si queremos lograrla ya no en el futuro, sino en el presente y en lo inmediato.

Al respecto, el investigador de la UNAM Enrique Provencio señaló que se ha identificado que ciertas distorsiones del tipo de desarrollo, relacionadas en particular con los sistemas de producción de alimentos, con la modificación de los hábitats, son algunos de los factores que están detrás de este riesgo creciente del surgimiento de epidemias, para lo cual no estamos suficientemente preparados.

“En el transcurso del año, el trabajo que han venido realizando diferentes grupos interinstitucionales del sistema de Naciones Unidas o de universidades lo que nos está mostrando es que la disrupción ecológica humana y el desarrollo insostenible están impulsando el riesgo de pandemias.”

Ese riesgo se incrementa de manera tan rápida que, cuando menos, hay cinco enfermedades emergentes en las personas cada año y cualquiera de ellas tiene el potencial de convertirse en pandemia: “reducir el riesgo antropogénico ambiental, global, reduce el ritmo de las pandemias. Y lo que se ha venido confirmando no es que no se supiera”, reconoció el investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la UNAM.

“Esta no es una amenaza en abstracto para la salud, lo es para la gente más pobre, con un alto impacto y un círculo perverso que se retroalimenta con la desigualdad y que, por tanto, este tipo de pandemias, interaccionan con el atraso económico y social, sobre todo con la vulnerabilidad.”

En la mesa de reflexión participaron representantes de la Red de Jóvenes Ambientalistas, un colectivo que, con el apoyo de El Colegio Nacional, ha trabajado en la elaboración de estrategias para participar en la Agenda 2030 de la ONU para el desarrollo sostenible, a partir de cuatro objetivos: revivir, activar, fortalecer y unir.

“Lo que buscamos es representar la diversidad, no sólo la de los jóvenes urbanos. Participaron más de 60 organizaciones de jóvenes ambientalistas, en una iniciativa de la sociedad civil, provenientes de las 32 entidades de la república. Identificamos la problemática específica, las causas y las consecuencias y el papel de las juventudes en cada uno de los temas y nuestras demandas”, explicó Daniela Rivero, en representación de la Red.

La agenda ambiental juvenil 2030 es uno de sus logros más importantes, donde presentaron 10 temas prioritarios, entre ellos la biodiversidad, transición energética, agua, agroecología, áreas naturales protegidas, defensores ambientales o educación ambiental.

La mesa ¿Cuál desarrollo para un planeta saludable?, celebrada en el contexto de la FIL Guadalajara, se encuentra disponible en el Canal de YouTube: elcolegionacionalmx.