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Cinco agrupaciones abrieron el Primer Festival de Danza Gay en la Ciudad de México

“Es un reto, una apuesta para todos”, aseguró José Rivera Moya en la apertura del Primer Festival de Danza Gay. Teoría del arcoíris, la noche de ayer en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo al presentarse las primeras cinco agrupaciones con un mosaico de estilos que desdobló la mirada de los géneros dancísticos.

La Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura fortalece con este encuentro las manifestaciones culturales de las agrupaciones artísticas en un ámbito de inclusión y respeto del derecho a la cultura.

La noche abrió con Fiesta de House of D, dirigida por Bryan Cárdenas, bajo un concepto, como señala su título, “festivo”, el grupo de danza contemporánea transitó entre espacios de expresión corporal rítmica y coordinada a los de representación libre y resuelta, en el que el albedrío del cuerpo generó una inercia emancipada de toda forma impuesta, que se expresó también en el vestuario.

Si el folclor contiene no sólo la manifestación de la cultura, sino las representaciones de los papeles sociales: parejas, bailes de mujeres y hombres, México de colores, de Carlos Antúnez, éste se presentó como una propuesta que evidencia el cambio de esos roles sin abandonar su raíz cultural.

La propuesta de Antúnez transitó por seis cuadros, durante los cuales diversos estados estuvieron presentes con el Baile de los chinelos, el de Las cintas y el Jarabe Tapatío, con lo cual el zapateado expresó una belleza particular al ser más enfático. El huapango no quedó fuera, ni la tradicional Llorona, en esta ocasión para dos hombres.

Uno de los momentos más sugerentes fue cuando los bailarines, sin abandonar el zapateado, se despojaron del atuendo tradicional y quedaron en ropa citadina: minifaldas, vestidos, ombligueras, lo cual no sólo condujo a la reflexión sobre la diversidad, sino al tránsito que han sufrido los mismos bailes y sus protagonistas: de las comunidades a las ciudades.

Posteriormente se presentó Gimnasia pasiva de Arturo Lugo con una propuesta más conceptual, a través de un cuadro con guiños futuristas, en el cual el cuerpo de los cinco bailarines se fue transformando a través de la vestimenta, así como los movimientos repetitivos y progresivos, que invitaron a una reflexión acerca de las relaciones sociales.

La noche continuó con un cuadro de ballet clásico, Kitri, el desafío, interpretado por Gabriel Larraguivel, una apuesta muy sugerente y transgresora, bajo una ejecución dinámica. La noche cerró con Equinos en busca de sangre, de la Cebra Danza Gay, una puesta contemporánea con el estilo único que ha caracterizado a esta compañía a lo largo de varios años.

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