Casi la totalidad de los miembros de El Colegio Nacional han sido inmensos docentes: Javier Garciadiego

Cultura
  • Javier Garciadiego, Adolfo Martínez Palomo, Eduardo Matos Moctezuma y José Sarukhán participaron en la mesa redonda El Colegio Nacional y la educación. 

  • Durante la sesión se abordó uno de los legados de la institución a lo largo de su historia: la fundación y consolidación de dependencias educativas clave para el México contemporáneo, entre las que se encuentran el Cinvestav, la ENAH, la UNAM o El Colegio de México. 

Una de las mejores maneras de ejemplificar el papel que han jugado las y los miembros de El Colegio Nacional en el México de la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI, se refleja en su participación para fundar instituciones educativas, entre los que se encuentran la UNAM, la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), el Cinvestav y El Colegio de México.

“El Colegio Nacional ha vivido interrelacionado con muchas de las instituciones que han hecho posible la modernización de México en los últimos 80 años. De éstas, las que han tenido más relaciones son las educativas, lo que es fácil de explicar, porque por sí misma, una institución del sector educativo”, aseguró el historiador Javier Garciadiego, encargado de introducir en la mesa El Colegio Nacional y la Educación.

Desde la perspectiva del colegiado, sus vinculaciones no se reducen a una o a dos instituciones del sector, pues, de entrada, habría que considerar que un miembro fundador de El Colegio Nacional fue el creador de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y un par de miembros de El Colegio Nacional fueron secretarios de tan importante cartera, como Jaime Torres Bodet y Agustín Yañez.

“Además, casi la totalidad de los miembros de El Colegio Nacional han sido inmensos docentes, pero preferí mencionar a quienes han fundado o dirigido las instituciones educativas”, en palabras del historiador.

Miembro de la institución y ex rector de la UNAM, José Sarukhán eligió a tres personajes vinculados a la Universidad para hablar de sus aportaciones: José Vasconcelos, Alfonso Caso y Guillermo Soberón.

“Vasconcelos es de un carácter no sé si caleidoscópico o de cinco mil caras, porque además de ser una persona muy brillante, vivió en un momento crítico del país: él era un individuo bastante ambicioso, la modestia no era uno de sus fuertes, pero tuvo un desarrollo importante, al ser hijo de una familia cuyo padre estaba inmerso en asuntos aduanales, por lo tanto, se movía por varias partes del país.

“Esto le dio la oportunidad de conocer el país de una manera más integral y tener la oportunidad de estudiar en Eagle Pass, se convirtieron en experiencias que formaron en él una visión de lo que debía ser el camino a seguir en el país en cuanto a la instrucción superior”.

De esa forma, su carrera fue muy accidentada, porque se la pasaba mucho tiempo fuera de México, exiliado, ya sea por su carácter o por los conflictos que tenía con varios mandatarios de la posrevolución, de tal manera que estaba con ellos en algunos casos y, al mismo tiempo, trataban de mantenerlos lejos.

Sin embargo, en Estados Unidos tuvo la oportunidad de estar en dos ciudades que ayudaron en su formación: Nueva York y Washington. En Nueva York, como no tenía dinero, se la pasaba básicamente en la biblioteca pública, y, en Washington, absolutamente deleitado de la Biblioteca del Congreso empezó a tomar una serie de ideas de lo que debía ser México en ese sentido. “Fue un convencido del papel enorme, educador, civilizador que tenían en ese proceso las bibliotecas y los libros”.

Si bien la UNAM ya había sido montada en 1910, José Vasconcelos se propuso convertirse en rector de la institución: “un poco como un golpe de Estado se nombra rector y empieza a hacer una serie de cambios, con la profunda convicción de que la Universidad debía tener una personalidad propia, no una influencia de Europa o de Estados Unidos, con espíritu latinoamericano”.

De Alfonso Caso, José Sarukhán destacó que, aun cuando sólo estuvo año y medio como rector de la UNAM, contribuyó de manera fundamental en la elaboración de la Ley Orgánica Universitaria, junto con Eduardo García Máynez, otro colegiado, un documento que aún sostiene a una institución del tamaño y la importancia de la Universidad, al grado de que se le da su nombre a auditorios y anfiteatros: incluso, el reconocimiento más importante para los estudiantes con los mejores promedios de cada generación es la Medalla Alfonso Caso, “un homenaje para quien jugó un papel muy importante en el desarrollo de la UNAM”.

En el caso de don Guillermo Soberón Acevedo, quien apoyó y fortaleció la investigación científica en sus sistemas de evaluación y en la construcción de nuevos edificios para institutos, “el haber introducido criterios de evaluación académica mucho más claros, más exigentes y muy bien reglamentados en las promociones del personal académico”.

“Muy criticada en su momento, porque se decía que nadie iría hasta esa zona de la Ciudad de México, uno de los aspectos más importantes de su gestión es el desarrollo del área para difusión cultural, un plus enorme para la infraestructura urbana: las construcciones y lo que había dentro de ellas es lo que ha hecho que ese sitio esté atestado de visitantes y, además, se hizo el Espacio Escultórico, construido con varios de los mejores artistas”.

Es una cadena de actividades que se inician con un cambio de rumbo de la Universidad, pero con José Vasconcelos se transforma completamente; Alfonso Caso le dio una estabilidad a la UNAM; y Guillermo Soberón realizó importantes aportes para la investigación científica y la divulgación cultural, enfatizó José Sarukhán.

Forjador de miradas antropológicas 

A Eduardo Matos Moctezuma le tocó hablar de una “pequeña escuela, la ENAH”, cuya importancia radica en el hecho de que nació en el seno del IPN, otra gran institución en la formación de especialistas, hace 85 años.

“Siempre he tenido la sospecha de que en su formación tuvo que ver el antropólogo Miguel Othón de Mendizábal, quien había influido mucho para que en el seno del Poli surgiera también la Escuela de Medicina Rural; el hecho de que la escuela nació como parte de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, pero al fundarse el Instituto Nacional de Antropología e Historia”, la ENAH tuvo un nuevo destino, gracias al interés de don Alfonso Caso, como un hecho lógico, apenas un par de años después de su fundación.

Desde la perspectiva del arqueólogo, Alfonso Caso es el fundador por excelencia, porque desde muy joven vemos cómo logra tener presencia en la formación de la Sociedad de Conferencias y Conciertos, llega a ser llamado parte del grupo de los Siete Sabios, a dirigir el INAH en su fundación, a ser el secretario de Bienes Nacionales e Inspección Administrativa, a crear el Instituto Nacional Indigenista.

Con esos antecedentes, su manera de darle nuevo impulso a la ENAH se logró al darle un concepto integrador y un carácter internacional, pues venían alumnos del continente a formarse dentro de la escuela en distintas ramas, “en la actualidad debe contar con dos mil 500 alumnos, cuando en mi generación éramos 89, teniendo una presencia fuerte, porque ahí se han formado los principales antropólogos en diferentes ramas, con múltiples aportaciones al conocimiento de la antropología”, comentó Eduardo Matos Moctezuma.

“Un aspecto importante es que la ENAH, en comparación con instituciones que son más grandes o con mayor antigüedad, ha dado alrededor de 10 premios nacionales, en todas las ramas de la antropología, quienes se han formado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia”.

Adolfo Martínez Palomo se encargó de reflexionar acerca de la fundación del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del IPN, a cargo de Arturo Rosenblueth, colegiado y pionero de la ciencia cibernética en México, con lo cual se logró establecer un marco de referencia de la más alta categoría dentro de la comunidad científica nacional e internacional.

“Se aceptó crear una institución que, necesariamente, tendría el sello de la recia personalidad de su creador y en la que prevalecerían sus ideales de científico: la libertad y la creatividad al servicio de la búsqueda del conocimiento, ideales reforzados por la disciplina de la dedicación y el esfuerzo”, aseguró Martínez Palomo, quien reconoció que los objetivos con los cuales nació el Cinvestav permanecen inalterados hasta nuestros días.

Los dos Colegios 

Javier Garciadiego, antes de hablar de la vinculación entre El Colegio Nacional y El Colegio de México, reconoció que en este último tenía un ideal: conseguir las cifras y los números del Cinvestav, en términos de doctorado y de producción en diferentes disciplinas.

Perteneciente a ambas instituciones, el colegiado señaló que si bien no consta en ningún documento oficial, durante años circuló la versión de que El Colegio de México estaba, por malas razones, en el origen y la fundación de El Colegio Nacional: “el gobierno de Lázaro Cárdenas, a sugerencia de Daniel Cosío Villegas, invitó a un grupo de intelectuales, académicos y artistas españoles a que vivieran en México durante el tiempo que durará la Guerra Civil en su país para que aquí continuaran con sus labores intelectuales”.

“El ofrecimiento de Cárdenas no fue sólo humanitario, tenía un objetivo pragmático: que ayudaran al desarrollo universitario de México. Así, en 1938 se creó la Casa de España, exclusiva para los españoles invitados por el gobierno mexicano, pero al acercarse el fin de la administración de Cárdenas urgía transformar su naturaleza para convertirla en una institución educativa perteneciente al Estado mexicano con carácter definitivo”.

Así, su cambio de nombre a El Colegio de México transformaba su naturaleza, sobre todo, que ya no podía ser exclusiva de académicos españoles. La situación propició que intelectuales mexicanos reclamaran por los “privilegios y beneficios otorgados a dichos españoles. No son pocas las voces que aseguran que El Colegio Nacional fue creado como contrapeso a El Colegio de México”, de acuerdo con Javier Garciadiego.

“Sea como fuere, El Colegio de México tenía un claustro básicamente español y El Colegio Nacional fue diseñado para tener exclusivamente miembros que fueran mexicanos por nacimiento”, aun cuando las relaciones entre ambas instituciones han sido estrechas y respetuosas, partiendo de sus diferentes naturalezas y objetivos: “El Colegio de México está dedicado a estudios de posgrado en siete áreas de las Ciencias Sociales y las Humanidades, mientras El Colegio Nacional no ofrece docencia regular alguna, por lo cual no otorga grados, su labor es difusora y las conferencias que ofrece son de libre acceso, sin registro ni prerrequisitos: o sea, El Colegio de México tiene alumnos regulares y El Colegio Nacional públicos interesados”.

Javier Garciadiego, Adolfo Martínez Palomo, Eduardo Matos Moctezuma y José Sarukhán participaron en la mesa redonda “El Colegio Nacional y la educación”, la cual se encuentra disponible