“Aquí a la profesora Susana Ruiz Díaz la conocemos como La Diablo”

Metrópoli

Precavidas, nerviosas, voltean a todos lados, no quieren ser reconocidas, no quieren tener problemas con la profesora Susana Ruiz Díaz. Prefieren no dar sus nombres, prefieren quedar como voces anónimas. Son maestras con verdadera vocación de servicio pero no aguantan más. Saben que si alzan la voz llevan las de perder. “Estamos cansadas ya. Estamos viviendo un infierno. No sabemos cómo les vaya a las maestras del turno vespertino, pero La Diablo, es mala compañera, lo menos que podamos tratarla es mejor”, responden las maestras.

Antes de continuar piden no ser grabadas. “Si usted es bueno en su oficio, apunte, sólo apunte si no aquí queda la conversación”. Se acepta la petición, una libreta y una pluma son las herramientas para resguardar todo lo que digan. Todo es apuntado en clave. La obligación es guardar la identidad de las profesoras.

Vuelven a titubear a la hora de responder. Sonríen nerviosamente cuando se les pregunta ¿por qué la llaman La Diablo? Lo piensan un poco; una de ellas se adelanta: “Es difícil en el trato, es agresiva. Puede hablarte bien y por atrás echarte tierra. Muchas compañeras llegan pero así como llegan se van; no la toleran, no la soportan. Acaba con tu estabilidad emocional”.

Nuevamente se les pregunta lo del mote de La Diablo. “Mire, con lo que le acabo de decir, es más claro que el agua. Si usted busca en el diccionario, el Diablo es considerado un ser maligno, padre de la mentira, de todo lo que pueda causar daño un ser a otro”.

Piden que caminemos, que nos alejemos de la zona donde se encuentra el Jardín de Niños Laura Beatriz Benavides, ubicado en una de las tantas secciones de la colonia Jardines de Morelos, en Ecatepec, uno de los municipios más peligrosos del Estado de México.

Es inevitable la pregunta. ¿A qué le tienen más miedo, a la delincuencia o a la profesora Susana Ruiz Díaz? Responden inmediatamente. “Por supuesto que a la profesora. De un delincuente ya sabes a qué atenerte. Sabes que si te saca un cuchillo o una pistola pues entregas tus pertenencias y ya. Pero con Susana no sabes lo que puede pasar. No sabes si puede irte a acusar a la Supervisión. A todas nos considera inferiores, ineptas”.

¿Y qué tiene que ver la Supervisión o cuál es la relación con la profesora Susana Ruiz Díaz? “No lo sabemos a ciencia cierta. Lo que si podemos asegurar es que las quejas que han presentado los padres de familia contra la compañera no progresan o simplemente desaparecen porque resulta que tiene un expediente blanco, sin ningún tache”.

¿Y quién es el supervisor? Nuevamente se cierran a declarar. “Haga su trabajo. Indague. Usted no pierde nada. Nosotras podemos perder todo, nuestra plaza, nuestra estabilidad laboral, nuestros años de servicio”.

El ruido del transporte público, de los autos particulares aturde un poco la conversación. Se les invita un café pero no aceptan, prefieren una botella de agua de una tienda que está a unos pasos. ¿Pareciera que se les secó la garganta con lo que han dicho? Ya más relajadas dibujan una sonrisa leve en sus rostros. “Y como no se nos va a secar la garganta, para que vea que con tan sólo mencionar el nombre de Susana da miedo.”

¿En su experiencia laboral seguro les ha tocado trabajar con todo tipo de profesores o profesoras? “Claro, en la enseñanza a nivel preescolar es muy dura la competencia. En cada escuela donde hemos tenido la oportunidad de prestar servicio te encuentras con todo tipo de personas”.

¿Se imaginaron trabajar con una persona como la profesora Susana Ruiz Díaz? “No, nunca. Pero ese no es el problema; realmente nuestra preocupación como docentes es su interacción con menores de edad. Son pequeños que están en plena maduración y lo que les suceda en esta etapa de la vida los va a marcar para siempre. Si Susana Ruiz Díaz es agresiva con sus compañeras no nos imaginamos lo que pueda ocurrir con ella encerrada en un aula con niños a su cargo”.

¿Y no sería bueno que la profesora sea evaluada psicológicamente? “Eso no nos corresponde decidirlo a nosotras, eso es algo que tendrían que decidir las autoridades del Estado para ver si ella puede o no interactuar con menores de edad”.

Sentados en la entrada de la tienda acomodan sus bolsas a un lado. Vuelven a tomar de la botella con agua. Se miran entre sí. Hay algo que no queda claro, ¿la profesora Susana Ruiz Díaz es profesora de grupo o directora, o cómo está la cosa?

“Bueno, no sabemos cómo le hizo, pero la profesora Susana tiene tres plazas. Una como profesora de grupo en la mañana, una como directora de turno en la tarde y otra como profesora de grupo en la tarde”, responden las profesoras entrevistadas.

Luego salta otra vez una duda. ¿Y un solo profesor o una sola profesora pueden acceder a más de una plaza? “Si con el caso de Susana no quedó claro no sabemos cómo explicarlo”.

Acoso laboral o bullying laboral. ¿Cómo definirían la relación de la profesora Susana Ruiz Díaz con sus compañeras? Se miran entre sí. Hablan en voz baja entre ellas y luego responden. “La mejor manera de definir la relación de Susana con sus compañeras es bullying laboral, porque esto afecta el rendimiento o el talento de cualquier persona que esté a su lado.”

Definan en pocas palabras a la profesora Susana Ruiz Díaz. Guardan silencio, piensan lo que van a decir mientras ven a las personas que entran a la tienda. Luego se concentran y dan su respuesta: “agresiva, peligrosa, intolerante, voluble, impositiva, autoritaria”.

¿Cuál cree que deba ser el papel de las autoridades en casos como el de la profesora Susana? “Pues que deben estar más atentas a lo que ocurre en las escuelas del Estado de México. Deben mejorarse los mecanismos de evaluación de quienes van a ocupar una plaza magisterial. Lo mismo debe suceder con quienes van a ser responsables de una dirección de una escuela”.

Termina la conversación. Ambas profesoras se alejan, toman caminos diferentes. La lluvia acecha y apresuran el paso. Una toma una combi. La otra se pierde al dar vuelta en la esquina.