Andrés Henestrosa, escritor y poeta, además de gran lector, cumpliría este 30 de noviembre su 113 aniversario

Cultura

Hasta los 15 años el único idioma que hablaba Andrés Henestrosa era el zapoteco; pero la inquietud del joven nacido en San Francisco Ixhuatán, Oaxaca, el 30 de noviembre de 1906, era continuar con sus estudios, lo cual logró con el apoyo de José Vasconcelos y de su profesor Antonio Caso.

La vida de Henestrosa Morales fue azarosa, pero encontró retribución con el paso de los años. Fue poeta, narrador, ensayista, orador, escritor, diputado y senador, además de bibliófilo, historiador y periodista. Una de sus máximas contribuciones fue promover la fonetización del idioma zapoteco y su transcripción al alfabeto latino.

Estudió derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, al tiempo de ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), contaba con una biblioteca personal de casi 40 mil volúmenes, los cuales permanecen en la biblioteca que lleva su nombre.

Andrés Henestrosa vivió casi 102 años, tiempo en el que obtuvo grandes reconocimientos: el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura (1994); la Medalla de Oro del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (2002); la Medalla Belisario Domínguez que otorga el Senado de la República, la Medalla al Mérito Cívico Eduardo Neri, la Medalla Ignacio Manuel Altamirano 1992 y el  Premio Internacional Alfonso Reyes 1991, entre otros.

Su vida la dedicó al desarrollo de la cultura. Fue jefe del Departamento de Literatura del INBAL, maestro de Lengua y Literatura en la UNAM y en la Escuela Normal de la SEP.

Entre sus actividades cotidianas estaban colaborar y ejercer el periodismo; dirigió la revista El Libro y el Pueblo y fue fundador de Las Letras Patrias. Escribió en la revista Hoy, Revista de la Universidad, Época, Revista de América, Aspectos, Casa del Tiempo de la UAM y en Notimex, así como en los periódicos El Nacional, Excélsior, El Universal, Novedades  y El Día, entre otros.

En 1936, la Fundación Guggenheim lo becó para realizar estudios sobre la cultura zapoteca. Recorrió Estados Unidos para sus investigaciones, que dieron como fruto la hispanización del idioma zapoteco, la creación de su alfabeto y un diccionario zapoteco-español. Fue durante este viaje que realizó en 1937 a Nueva Orleans, donde escribió una de sus obras más famosas: Retrato de mi madre.

En la década de los sesenta ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua (23 de octubre de 1964) como miembro numerario, ocupando la silla XXIII.

Escritor prolífico, su obra es amplia y diversa: Los hombres que dispersó la danza (1929), Los caminos de Juárez, Los hombres que dispersó la danza y algunos recuerdos, andanzas y divagaciones, reedición del FCE; Retrato de mi madre (1940), Cuatro siglos de literatura mexicana, Los cuatro abuelos (Carta a Griselda Álvarez), 1960; Sobre mí (carta a Alejandro Finisterre), 1936; Una confidencia a media voz (carta a Estela Shapiro), 1973, y Carta a Cibeles, 1982; De Ixhuatán, mi tierra, a Jerusalén, tierra del Señor (1976) y El maíz, riqueza del pobre (1981), así como los ensayos: Los hispanismos en el idioma zapoteco, Acerca del poeta y su mundo,  De México y España, colección de artículos, ensayos y cartas (1974) y Espuma y flor de corridos mexicanos (1977).

Andrés Henestrosa murió en la Ciudad de México el 10 de enero de 2008, después de haber hecho también destacadas aportaciones al indigenismo.