Analizan aportes del Museo de Sitio de la Zona Arqueológica La Quemada, en Zacatecas, a 25 años de su creación

Cultura

A finales del siglo XX, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Gobierno de Zacatecas construyeron un recinto en las inmediaciones de la Zona Arqueológica La Quemada, con el objetivo de albergar un museo de carácter regional que diera a conocer las culturas prehispánicas que habitaron y se asentaron en los territorios que actualmente ocupa esa entidad.

A 25 años de su edificación, este espacio museal, cuya concepción arquitectónica comulga con su entorno natural y cultural, presenta un nuevo rostro al transformarse en un museo de sitio, el cual muestra la grandeza de esa ciudad prehispánica, cuyo auge se dio entre los años 600 y 900 d.C.

En este marco, el INAH, a través su representación en Zacatecas, realizó el conversatorio virtual “25 años del Museo de Sitio La Quemada. Retrospectiva y renovación”, transmitido por el canal INAH TV en YouTube, como parte de la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura.

El director del Centro INAH Zacatecas, Carlos Augusto Torres Pérez, destacó la vocación del museo arqueológico, el cual tras su creación, en 1995, sigue siendo pionero a nivel estatal en el concepto de museo temático, didáctico e interactivo, “se convirtió en uno de los primeros espacios museales en México, destinados a promover el conocimiento de las culturas del septentrión mesoamericano”.

Comentó que fue el arquitecto José Carlos Lozano Ordoñez, junto con el arqueólogo Peter Jiménez Betts, quien conceptualizó y diseñó el edificio que alberga el museo. “Desde su creación, representó un ejemplo vanguardista por su concepción arquitectónica, cuyo diseño retoma y reinterpreta las características formales y los sistemas constructivos del asentamiento prehispánico, logrando una notable y respetuosa integración a los paisajes cultural y natural”.

Manifestó que, tras más de 20 años de vida, el inmueble presentaba algunos problemas de mantenimiento, por lo que se cerró para rehabilitarlo y restructurarlo museográficamente, además de cambiar su vocación inicial y convertirlo en un museo de sitio. “El proyecto se gestó en 2019, entre el INAH y el gobierno estatal, con la reestructuración prácticamente terminada, y debido a la contingencia sanitaria se pospuso su reapertura al pasado 30 de marzo”.

En su intervención, el arquitecto José Carlos Lozano expuso que en la concepción del inmueble lo más importante fue el respeto al sitio arqueológico, y subrayó el papel del arqueólogo Peter Jiménez, para determinar la ubicación del lugar donde se edificaría, a partir de sus investigaciones. “Se buscó que tuviera muros con lajas, en las proporciones específicas; aplanados con adobe, así como pisos que, aunque tenían un sesgo contemporáneo, también serían de piedra, como en la época prehispánica”.

Al respecto, el coordinación nacional de Museos y Exposiciones del INAH, José Manuel Garibay López, resaltó su impresión al llegar al museo, el cual tiene una imbricación que en arquitectura llaman tectónica, “de las placas arquitectónicas con las paisajísticas, y cómo el lugar establece un continuo entre el paisaje circundante con el cultural, dentro del mismo recinto”.

Por su parte, el arqueólogo Peter Jiménez compartió que, entre 1993-1994, en la parte final de 10 años de restauración intensiva del sitio arqueológico, se pensó crear el museo como un lugar de servicio educativo.

“El reto principal era que no había un museo de arqueología en la región, el Museo de las Culturas del Norte, en Paquimé, iniciaba; vimos la necesidad de incluir el tema del medio ambiente como parte del sitio, dentro del norte de Mesoamérica. Esta información había que hacérsela llegar al visitante”, narró.

Rememoró que el enfoque del museo fue mucho más pedagógico y didáctico, pues contaba con muchas visitas escolares, por ello, desde el inicio se diseñó el espacio dando peso importante al área de Servicios Educativos.

Por último, el director de la Zona Arqueológica y Museo de Sitio La Quemada, Carlos Torreblanca Padilla, destacó la figura de los “tenanches”, como guías gratuitos del museo, personas que trabajaron en las excavaciones y restauración del sitio arqueológico, a quienes se les capacitó para realizar esta actividad.