Adam, la mirada de Maryam Touzani

Cultura

Adam, primer largometraje de la directora marroquí Maryam Touzani, presenta el retrato de dos mujeres unidas por su soledad y por su deseo de huir en busca de lo esencial. Presentada en Un Certain Regard, la película compite por la Caméra d’or.

¿Cómo se forjó la idea que dio origen a la película?

Adam nació gracias a una persona que conocí de verdad y que me inspiró para crear el personaje de Samia: fue una joven que había llegado embarazada y sola a Tánger con la idea de tener a su hijo allí, de darlo en adopción y poder volver a su pueblo para que nadie supiera nada. Mis padres la acogieron sin siquiera conocerla hasta que dio a luz. Tras el nacimiento del pequeño, fui testigo del rechazo de la madre hacia el bebé, pero poco a poco, vi cómo este se iba ganando su afecto y cómo el instinto maternal se iba despertando a pesar de los esfuerzos de la madre por reprimirlo. El día que lo llevó para darlo en adopción, la chica hizo muestra de una gran dignidad. Es algo que me marcó profundamente y que me provocó la urgente necesidad de relatar la historia, que se unía a mis propias heridas, a mi experiencia de pérdida, negación y luto.

¿Qué puede decirnos sobre los actores?

Douae Belkhaouda, la pequeña Warda de la película, me marcó mucho cuando la vi jugando en una de las callejuelas de la medina. En ella se percibía esa mezcla de inocencia y de malicia que yo buscaba. Con los ensayos, fue revelando su sensibilidad y madurez, así como su talento.

Nisrin Erradi, que encarna el personaje de Samia, es de una naturalidad sorprendente y tiene un talento y sensibilidad únicos. Para interpretar el personaje, buscaba una mezcla de inocencia, de “joie de vivre” y de sufrimiento, algo que Nisrin intuyó directamente.

Lubna Azabal es una actriz por la que siento mucha admiración. En ella encuentro un poder y una veracidad excepcionales.

¿Qué ha aprendido durante la realización de esta película?

He aprendido hasta qué punto es importante rodearse de personas adecuadas, que obviamente tengan talento, pero que a la vez sean bondadosas y comprometidas. También he aprendido que no hay que renunciar a nada, pero que es importante establecer la prioridad de cada cosa, porque durante un rodaje, el tiempo es esencial.

 
¿Qué le empujó a convertirse en directora de cine?

A pesar de que siempre me ha atraído la palabra, sentía la necesidad de expresarme a través de la imagen. El poder de las palabras y lo que estas generan en mí, como imágenes y sensaciones, hicieron que surgiera en mí un deseo por expresarme a través del cine. Me encanta la poesía y la literatura, pero también la pintura, cuyo eco se percibe claramente en mi trabajo. Si analizo mis influencias, diría que estas son una mezcla de todo esto confrontado con lo humano e inspirado por lo cotidiano.

¿Cuál es su visión del cine marroquí?

Creo que el cine de mi país avanza bien pero de manera tímida. Ha surgido toda una nueva generación de cineastas que tienen mucho que decir. También hay directores que forman un grupo aparte y que las cosas cambien, como Nabil Ayouch, cuyo cine no aspira tanto a gustar como a expresar un punto de vista particular. Marruecos es un país donde hacer cine resulta poco anodino. Allí, si decides hacer cine comprometido, es importante llevar tus convicciones hasta el final.